Cuando se quema un bosque, el paisaje cambia radicalmente. En algunos casos el cambio es tan impactante que el fuego "destapa" elementos del paisaje que antes no se veían, como antiguas terrazas o muros de piedra seca. La vegetación desaparece, el suelo se queda desnudo y sin protección , y como consecuencia, se vuelve mucho más vulnerable a la erosión . Entre todo el mar de dudas que deja un fuego, uno preocupa especialmente cuando se acerca el otoño. ¿Qué pasará si llueve con mucha intensidad en los próximos días o meses?
Las lluvias torrenciales aceleran la erosión del suelo
Las lluvias torrenciales aceleran la erosión del suelo
Cuando llueve con mucha intensidad en un bosque quemado, existe riesgo de que el suelo se erosione y las consecuencias afectan a todo el ecosistema. Por un lado, el hecho de que quede totalmente expuesto sin vegetación hace que sea más vulnerable al impacto de las gotas de la lluvia , que desagregan sus partículas y reducen la porosidad. Por otra parte, el suelo desnudo no puede infiltrar toda el agua de la lluvia y, por tanto, ésta circula por la superficie en forma de escorrentía superficial . Esto aún se acentúa más si el incendio ha alcanzado temperaturas muy elevadas, ya que el calor altera las propiedades del suelo y puede generar una capa hidrófoba , es decir, una capa que repele el agua e impide su infiltración. Además, el efecto de escorrentía también es más intenso en zonas con pendientes pronunciadas .
En estas condiciones, el agua de la lluvia arrastra una parte importante de la capa más superficial del suelo , la más rica en nutrientes y materia orgánica y en la que se acumulan grandes cantidades de cenizas, sedimentos y partículas de suelo. En consecuencia, el suelo pierde fertilidad y la capacidad de retener agua y nutrientes, pero también se ven perjudicados los organismos que viven en este parto, como hongos, bacterias e invertebradas, pero también las plantas, que pierden el sustrato donde arraigan y se alimentan.
Y como impactos adicionales, el proceso erosivo puede llevarse las semillas de algunas plantas que habían quedado enterradas y que acostumbran a germinar después del fuego, como por ejemplo las estepas ( Cistus spp.). Además, también puede arrastrar a los piñones que han quedado depositados en la superficie del suelo después de salir de las piñas durante el incendio y reducir la capacidad de regeneración natural de la vegetación queda aún más en riesgo.
Las cenizas contienen muchos nutrientes. Imagen: Galdric Mossoll
La primera prioridad es proteger el suelo
La primera prioridad es proteger el suelo
Después de un incendio es necesario diagnosticar el estado del suelo y el bosque. En esta fase, normalmente llevada a cabo por la administración, pueden detectarse las zonas más vulnerables a la erosión, ya sea por el tipo de suelo, por la orografía del terreno, o por la severidad del incendio, es decir, en qué estado ha quedado afectada la vegetación por el fuego.
Así, cuando existe riesgo de erosión, es necesario actuar rápido antes de que lleguen las lluvias y realizar una gestión post-incendio adecuada que minimice el riesgo . Estas actuaciones se enmarcan dentro de lo que se llama "fase de emergencia" , que se sitúa durante el primer año después del fuego .
Durante esta fase, las intervenciones deben estar muy bien planeadas para que no provoquen el efecto contrario, ya que el suelo es especialmente vulnerable y no conviene introducir maquinaria pesada o introducir el pasto de animales de forma inmediata. Además, deben priorizarse las zonas con pendientes o las que están más afectadas por la severidad del fuego, por su mayor riesgo de erosión. Al final, el objetivo principal es doble: evitar que el suelo se degrade por erosión y, al mismo tiempo, ayudar a que el ecosistema se recupere .
Las zonas con pendiente tienen mayor riesgo de erosión. Imagen: Galdric Mossoll
Medidas para reducir la erosión después de un incendio:
Medidas para reducir la erosión después de un incendio:
- No remover el suelo quemado: justo después de un incendio puede parecer que es necesario retirar los materiales quemados o la ceniza, pero no es recomendable. Las cenizas están hechas de sales minerales y nutrientes de la vegetación quemada, como calcio, potasio, magnesio, fósforo, oligoelementos y minerales, de modo que pueden nutrir las primeras plantas que crecen durante el proceso de regeneración. También el nitrógeno, aunque en menor medida ya corto plazo, porque se pierde rápidamente con la combustión. Además, los restos vegetales parcialmente quemados, como las acículas de los pinos o las hojas, forman un “manto natural” que protege el suelo del impacto directo de la lluvia y frena la escorrentía.
- Cubrir el terreno con materiales naturales: una de las técnicas más utilizadas es crear una capa protectora sobre el suelo, conocida como acolchados o mulchings. Consiste en esparcir paja, astilla de madera u otros materiales vegetales de la misma zona, que permiten mitigar la escorrentía y evitar que la lluvia se lleve las capas más superficiales del suelo.
- Retirar algunos árboles quemados cuando sea necesario: los árboles muy dañados se pueden romper y caer, lo que puede poner en riesgo a las personas, sobre todo si es una zona frecuentada.
- Utilizar los troncos y restos de copa para estabilizar el terreno: los árboles quemados que se talan se pueden colocar en las pendientes en forma de bancales y así actuar como pequeñas barreras que ralentizan el paso del agua y retienen posibles sedimentos de erosión en cotas más elevadas. Además, la madera quemada aporta nutrientes mientras se descompone , crea un microclima favorable para las plántulas, las protege de los herbívoros y sirve de refugio para animales dispersores de semillas. Además, favorece una recuperación más rápida del bosque y su capacidad de capturar carbono.
- Construir barreras para frenar el agua: aparte de colocar los troncos de los árboles en el suelo, se pueden añadir pequeñas estructuras como paredes, diques o márgenes de piedra seca para frenar el agua y retener sedimentos.
¿Por qué un suelo se erosiona más que otro?
¿Por qué un suelo se erosiona más que otro?
No todos los suelos reaccionan igual después de un incendio. Por un lado influye la composición . Los suelos limosos o arcillosos son más sensibles a la erosión por estar compactados, poco esponjados y con poca materia orgánica. Esto hace que el agua de la lluvia no pueda infiltrarse tan rápido y circule por la superficie. En cambio, los suelos arenosos y los arcillosos con buen nivel de materia orgánica , generan espacios porosos por donde el agua puede infiltrarse y quedar retenida, con mayor capacidad de resistir el arrastre de los sedimentos .
El relieve también desempeña un papel importante. En zonas con pendiente, el agua circula con mayor velocidad y tiene una mayor capacidad de arrastrar partículas del suelo, formando surcos, cárcavas o incluso pequeños barrancos después de episodios de lluvia intensa.
Por último, la intensidad del incendio también es un factor clave. Los fuegos más severos pueden consumir casi toda la vegetación y la capa de restos orgánicos que protege al suelo. Cuanto más expuesto queda el terreno, más vulnerable está en los procesos erosivos.
Los ríos y embalses se pueden contaminar
Los ríos y embalses se pueden contaminar
Después de un incendio, las lluvias pueden arrastrar suelo y cenizas y entrar como sedimentos en ríos y embalses, haciéndola turbia y alterando la calidad del agua . Además, la llegada masiva de nutrientes también puede provocar procesos de eutrofización , es decir, una proliferación excesiva de algas que reduce el oxígeno disponible en el agua para otros organismos.
Además, los efectos no se limitan a la zona quemada. Dado que los bosques forman parte de cuencas hidrográficas conectadas , los sedimentos arrastrados por la lluvia pueden llegar a zonas alejadas e incluso contribuir a la colmatación de ríos y embalses, es decir, a la acumulación progresiva de sedimentos en su fondo, reduciendo su profundidad y capacidad de almacenamiento.
Durante las lluvias se pueden formar pequeños torrentes y arrastrar las cenizas a los ríos y embalses. Imagen: Galdric Mossoll
¿Se puede cambiar el uso del suelo de un terreno quemado?
¿Se puede cambiar el uso del suelo de un terreno quemado?
De forma general, la legislación establece limitaciones para evitar que los incendios puedan utilizarse como herramienta para forzar cambios de uso del suelo. En concreto, la Ley 43/2003, de 21 de noviembre de Montes , en el artículo 50 “Mantenimiento y restauración del carácter forestal de los terrenos incendiados” especifica que se prohíbe el cambio de uso forestal durante 30 años .
Durante este período, la zona debe conservar su carácter forestal y las actividades permitidas deben ser compatibles con la recuperación del ecosistema y ajustados a la normativa autonómica. Por ejemplo, se pueden realizar las actuaciones propias del plan de restauración o determinados aprovechamientos forestales, siempre que no comprometan la regeneración del bosque y cumplan la regulación vigente.
Por otra parte, el uso recreativo no suele estar prohibido, aunque puede restringirse temporalmente por motivos de seguridad . Del mismo modo, el pastoreo puede permitirse al cabo de unos años o limitar según la comunidad autónoma y las necesidades de recuperación de la zona, especialmente cuando exista el riesgo de que dificulte la restauración de la vegetación y del suelo.
Sin embargo, existen algunas excepciones donde el cambio de suelo es viable hacia un uso agrícola, especialmente si el cambio de uso está destinado a crear paisajes más resilientes en los propios incendios forestales . Por ejemplo, desde el CREAF se ha trabajado en distintos proyectos para crear espacios abiertos destinados al uso agrícola con prácticas para favorecer la cubierta herbácea y cultivos de leñosas. Todo ello tiene como objetivo construir el paisaje mosaico, una combinación de espacios forestales y agrícolas intercalados que funciona como cortafuegos natural. Uno de los proyectos es el The Green Link, en el que se actuó en la zona de Òdena quemada en 2015 aplicando la técnica Cocoon para replantar la zona con olivo y encina. Otro proyecto en curso es RESTARC , una iniciativa conjunta con la Agència Catalana de Residus, que tiene el objetivo de promover el uso de enmiendas y residuos orgánicos en la restauración de suelos degradados.
Los bosques quemados no se les puede cambiar el uso del suelo durante 30 años, excepto en algunos casos si es para hacer los bosques más resilientes. Imagen: Galdric Mossoll
Cada vez perdemos más suelo
Cada vez perdemos más suelo
Los grandes incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos y la principal consecuencia es que cada vez tendremos bosques menos capaces de recuperarse de la erosión . Según un estudio del CREAF y el CTFC , si las tendencias actuales se mantienen, en 2050 la pérdida de suelo forestal en la región mediterránea podría aumentar hasta un 150% . Esto significa pasar de las 15 o 16 toneladas de suelo por hectárea que se pierden actualmente cada año a más de 40 toneladas por hectárea y año.
El propio estudio advertía que la pérdida del suelo también tiene efectos directo sobre el clima. Después de un incendio forestal el papel del suelo puede revertirse y pasar de ser un almacén de carbono a ser un emisor. El motivo es que un suelo erosionado pierde parte de su capacidad de almacenar carbono y puede llegar a liberar una parte en la atmósfera en forma de CO₂. Así, un ecosistema que antes ayudaba a frenar el cambio climático pasa a contribuir a ello. Este efecto puede desencadenar un círculo de retroalimentación, puesto que el aumento de emisiones favorece un clima más cálido y extremo, que a su vez incrementa el riesgo de nuevos incendios y fenómenos meteorológicos intensos.
La naturaleza necesita tiempo
La naturaleza necesita tiempo
Una vez ha pasado algunos años después del incendio y se han aplicado las medidas necesarias para reducir la erosión del suelo, se pueden realizar otras actuaciones que ayuden a la vegetación a regenerarse más rápido, como la selección de rebrotes, aclareos selectivos en vástagos o hacer repoblaciones en el caso de que sea necesario para compensar la falta de regeneración natural.
La buena noticia es que los bosques mediterráneos han evolucionado conviviendo con el fuego y muchas de sus especies están adaptadas a regenerarse después de un incendio . Es el caso de las especies rebrotadoras , como la encina, que pueden volver a crecer a partir de las raíces o de la cepa pocas semanas después del incendio, o de las especies germinadoras , como el pino carrasco, quien puede almacenar un banco de semillas protegidas en las piñas de las copas que se dispersarán y germinarán después de la germinación.
Sin embargo, si los árboles se pueden recuperar en años o décadas, el suelo necesita mucho más tiempo. Por ejemplo, el Servicio de Conservación de Suelo de Australia fija un valor estándar que hace falta aproximadamente 100 años para formar un centímetro de suelo, aunque esta velocidad puede variar mucho según el clima, el tipo de roca y las características del terreno, y puede llegar hasta 1000 años. En algunos lugares, con rocas blandas, clima húmedo y templado, el proceso es más rápido, pero en otros puede alargarse durante más de mil años si son materiales duros y climas áridos o fríos.
Sin embargo, el éxito de la recuperación no siempre está garantizado. El tiempo de regeneración de un bosque dependerá de la severidad del fuego y de las condiciones ambientales posteriores . En un contexto de cambio climático, con sequías más frecuentes, temperaturas más elevadas y episodios de lluvia torrencial más intensos, aumenta el riesgo de que los suelos degradados sigan perdiéndose antes de su regeneración. Por eso, proteger el suelo después de un incendio es tan importante como recuperar la vegetación .
Pocos días después de un incendio, algunas especies comienzan a rebrotar. Imagen: Galdric Mossoll
CON LA COLABORACIÓN DE:
CON LA COLABORACIÓN DE:
INVESTIGADORA
Sara Marañón
Soy doctora en Ecología por la Universidad de Granada (2011), y actualmente soy investigadora en ecología y edafología en el CREAF. También soy profesora titular en la Universidad Autónoma de Barcelona.
INVESTIGADOR
Vicente Calabaza
Soy doctor en Ecología Terrestre por la UAB, licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Barcelona (2004) con un master en Ciencias del Suelo por la Universidad de Lleida (2008).
INVESTIGADOR
Xavier Domene
Soy doctor en Biología por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y he realizado estancias postdoctorales en la Universidad de Coimbra (Portugal), Universidad de Sao Paulo (Brasil), Cornell University (EEUU) y en el INIA (Madrid). Desde 2008 soy docente en la Unidad de Ecología en Edafología y Ecotoxicología e investigador del CREAF.
INVESTIGADOR
Josep Maria Espelta
Doctor en Ciencias Biológicas (UAB, 1992). Soy investigador en el CREAF desde 1998.