Es urgente proteger y monitorizar mejor los ecosistemas acuáticos de agua dulce; son los que más necesitaremos en un clima cada vez más seco
El Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica de Catalunya ha presentado hoy, en el marco de la COP17 de Biodiversidad, en Ereván (Armenia), los primeros estudios sobre el impacto del cambio climático en la biodiversidad de las biorregiones mediterráneas que Cataluña desarrolla conjuntamente con California en el marco del MCAP (Alianza Mediterránea para la Acción Climática). El estudio, encargado al CREAF, compara ambas regiones y busca soluciones compartidas. El secretario de Transición Ecológica de Cataluña, Jordi Sargatal, ha explicado que "el objetivo de este estudio liderado por Cataluña y California es analizar los efectos del cambio climático sobre los sistemas naturales y la sociedad, como los desplazamientos de especies, los cambios hidrológicos o la pérdida de crecimiento de los ecosistemas". "Esto nos permitirá compartir y avanzar en la búsqueda de respuestas más efectivas a los desafíos que plantean los fenómenos climáticos extremos y proporcionar modelos que se puedan replicar en el resto de países y regiones que comparten nuestro clima", ha dicho Sargatal.
El estudio constata que ambas regiones están experimentando una pérdida progresiva de especies autóctonas —sobre todo en los sistemas de agua dulce—, así como un incremento de fenómenos como los grandes incendios, las sequías prolongadas, que provocan graves afecciones a la masa forestal, y las olas de calor marinas, que pueden alterar los ecosistemas marinos de forma irreversible. Los expertos de ambas regiones coinciden en que proteger la biodiversidad en el nuevo contexto climático implica crear refugios para que las especies puedan resistir los episodios extremos, favorecer ecosistemas más diversos, actuar sobre los problemas que agravan la situación (como la sobreexplotación de los acuíferos o la sobrepesca) y reforzar el seguimiento para entender qué está cambiando y poder actuar a tiempo.
Para elaborar este informe, el CREAF ha realizado una revisión bibliográfica que se ha contrastado con personas expertas, que han propuesto nuevos artículos, preguntas y conocimientos que podían ser relevantes. En total, han participado cuatro personas expertas de Cataluña y cuatro de California, entre ellas, Mireia Banqué, del CREAF; Núria Bonada, de la Universidad de Barcelona; y Mark Carr o Jennifer Caselle, de la Universidad de California, entre otras personas.
Refugios acuáticos para salvar la vida en los ríos
Los sistemas acuáticos de agua dulce de California y Cataluña comparten episodios graves de sequía combinados con regímenes de lluvia cada vez más extremos. Esto impacta directamente en la fauna y la flora de los ríos, donde los peces autóctonos son los que están sufriendo más los efectos climáticos en ambas regiones. En Cataluña, el informe 'Estat Natura' ya alertaba de que las poblaciones de especies de ríos, lagos y humedales disminuyeron un 54 % entre 2002 y 2019, mientras que en California se estima que el 82 % de los peces autóctonos son muy vulnerables al cambio climático. Además, en ambos lugares el cambio climático no actúa solo, sino que también se suman la sobreexplotación de los acuíferos, la contaminación y la presencia de especies invasoras. Para solucionarlo, ambas regiones son conscientes de que la acción clave es la creación de refugios acuáticos.
Si hubiera que priorizar una acción para recuperar la vida de los ríos en las dos regiones mediterráneas, esta sería identificar, proteger y garantizar la conectividad de una red de refugios de agua distribuidos por el territorio. Estamos hablando de charcas, fuentes y hábitats alimentados por aguas subterráneas donde las especies puedan vivir cuando el río se seca y puedan así recolonizar los ríos después de una sequía.
El director general de Políticas Ambientales y Medio Natural de Cataluña, Marc Vilahur, ha explicado en este sentido que "este estudio nos permite identificar hasta qué punto son similares las tendencias de los diferentes territorios mediterráneos ante el doble problema del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Los impactos son graves y la transformación de las estrategias que deben desarrollarse tendrán que ser profundas si no se revierte esta tendencia al aumento de las temperaturas. Será necesario que nos adaptemos a un clima más seco y, en lo que respecta a la biodiversidad, esto significa priorizar la recuperación de puntos de agua donde sea posible".
Los bosques, en el punto de mira
En cuanto a los bosques, Cataluña y California han llegado a un problema similar por caminos diferentes. En Cataluña, el abandono rural y el fin de la explotación intensiva han hecho crecer bosques jóvenes, densos y estructuralmente homogéneos, con una elevada demanda de agua. En California, en cambio, décadas de supresión del fuego también han producido bosques densos y vulnerables a la sequía, las plagas y los incendios. De hecho, en Cataluña, solo en 2023, la sequía afectó a 66.482 hectáreas de bosque. En California, entre 2012 y 2016, la sequía fue responsable de la muerte de más de 129 millones de árboles. Aun así, el informe destaca que, en ambas regiones, la sequía también ha servido para regular la densidad del bosque, reducir la competencia por el agua entre los supervivientes, abrir claros y generar madera muerta, favoreciendo a las especies que dependen de estos hábitats. A pesar de estas dinámicas locales, los bosques densos y poco gestionados siguen expuestos a riesgos climáticos combinados, como la mortalidad por sequía y la pérdida de capacidad de sumidero de carbono.
Autoría foto: Galdric Mossoll.
En cuanto a las soluciones, aunque ambas regiones disponen de instrumentos de gestión forestal, el informe propone prescribir una gestión forestal más cercana a la naturaleza, que tenga en cuenta elementos como la madera muerta, los árboles de edades diversas o los microrefugios. Asimismo, habría que realizar una gestión forestal que ayude a reducir la competencia por el agua, favorecer las especies autóctonas resistentes a la sequía, recuperar prados y espacios abiertos y planificar a escala de paisaje.
"Desde el Departament estamos impulsando diversos proyectos para probar soluciones en esta línea. Es el caso, por ejemplo, del proyecto LIFE RedBosques_Clima, que se ha desarrollado en el Parque Natural de Els Ports para promover bosques maduros y favorecer la biodiversidad forestal, o del impulso del paisaje en mosaico en espacios naturales protegidos como el Cap de Creus" , ha destacado Marc Vila.
La trampa de la extinción de todos los incendios
Según la evidencia científica recogida en el informe, tanto Cataluña como California se encuentran en una situación conocida como la trampa de la extinción. Esta trampa o paradoja se produce cuando las políticas centradas exclusivamente en la extinción de incendios permiten reducirlos a corto plazo, pero aumentan el riesgo a largo plazo. Como la mayoría de los recursos y las inversiones se destinan a la extinción de emergencias, los esfuerzos estructurales de prevención quedan relegados, lo que permite que la biomasa se acumule de forma peligrosa. Esta situación se da tanto en Cataluña como en California. "Cuanto más eficientes somos apagando todos los incendios, más relegada queda la prevención y más combustible se acumula. Y cuando coinciden la sequía, el calor y unas condiciones meteorológicas extremas, aparecen incendios que pueden superar la capacidad de extinción", resume Alicia Pérez-Porro.
Autoría: Galdric Mossoll.
Resulta especialmente interesante porque Cataluña y California han llegado a esta misma trampa a través de trayectorias sociales diferentes. En Cataluña, el factor responsable ha sido sobre todo el abandono rural y la desaparición de los usos agrícolas y pastorales del bosque. En California, los factores clave han sido la supresión institucional del fuego (décadas de política oficial de apagar todos los incendios, eliminando el fuego como proceso ecológico) y el desplazamiento de los pueblos indígenas, que ha comportado la pérdida de prácticas tradicionales de quema.
A pesar de todo ello, el informe introduce un matiz importante desde el punto de vista de la biodiversidad: el fuego no es siempre el enemigo. De hecho, la solución compartida por ambas regiones propone las quemas prescritas (o pequeños incendios controlados) para construir paisajes heterogéneos, abrir claros y generar mosaicos de hábitats abiertos, espacios en retroceso en ambas regiones que son hábitats clave para muchas especies en declive. Así, también propone combinar estas medidas con planes concretos de gestión forestal, ganadería extensiva y pastoreo, un conjunto de prácticas que requieren coordinar a propietarios y administraciones e integrar las políticas forestales, de biodiversidad y de desarrollo rural.
Olas de calor marinas
Sin lugar a dudas, el mar Mediterráneo es el hábitat en el que el cambio climático está impactando con más fuerza. De hecho, las recurrentes olas de calor marinas que ha experimentado el Mediterráneo han provocado episodios de mortalidad masiva de más de 50 especies (incluidos corales, gorgonias y esponjas) y una disminución constante del hábitat de la Posidonia oceanica. Uno de los problemas de este mar es que su geografía cerrada hace que las especies adaptadas al frío solo puedan desplazarse hacia el norte hasta cierto punto, convirtiéndolo en una especie de callejón sin salida biogeográfico: al principio, estas zonas son refugios climáticos, pero, si el calentamiento continúa, finalmente acaban convirtiéndose en trampas de extinción. En el caso del Pacífico, California experimentó un cambio de estado muy importante en el ecosistema durante y después de una ola de calor marina conocida como «The Blob», entre 2014 y 2016, cuando los bosques de un alga de gran tamaño denominada kelp (Nereocystis luetkeana) disminuyeron más de un 95 % en algunos tramos de la costa norte de California, debido al efecto combinado de la ola de calor, una enfermedad de las estrellas de mar y la proliferación de erizos.
Por tanto, aunque se trata de un mar y un océano muy diferentes, el informe considera que ambas regiones afrontan el riesgo de sufrir cambios de estado prácticamente irreversibles en especies que crean hábitats clave: la posidonia en el Mediterráneo y el kelp en California. Y los efectos no son solo ecológicos. En Cataluña, las temperaturas superiores a los 28 °C pueden provocar hasta un 100 % de mortalidad de la semilla de mejillón en el delta del Ebro, mientras que los modelos recogidos en el informe proyectan una reducción del 20 % de las capturas totales de pescado en el periodo 2051-2060.
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La solución compartida en este caso es contundente: el informe pone de manifiesto que tenemos áreas marinas protegidas concebidas para conservar la biodiversidad de un clima que ya no existe. Las áreas marinas protegidas del futuro deben diseñarse y evaluarse también en función de su resiliencia climática. Esto significa proteger de manera efectiva las redes tróficas, identificar y proteger los refugios térmicos marinos, como las zonas más frescas, y conectar los sistemas de alerta de olas de calor con protocolos de gestión que se activen cuando se produzcan episodios de mortalidad masiva. Al mismo tiempo, antes de establecer nuevas áreas marinas o restaurar otros hábitats, será necesario reducir las presiones que están afectando a la vida en el mar: la sobrepesca, la contaminación y la eutrofización.
"Ante un clima cambiante, proteger la biodiversidad ya no significa solo conservar lo que tenemos, sino ayudar a los ecosistemas a resistir, recuperarse y adaptarse a unas condiciones nuevas. Compartir qué funciona y qué no entre regiones mediterráneas es precisamente uno de los objetivos del MCAP y de este informe", concluye Alicia Pérez-Porro.