¿Y si el impacto de la investigación no fuera siempre una buena noticia?
¿Y si el impacto de la investigación no fuera siempre una buena noticia?
En la primera temporada del Rincón del impacto hemos hablado de qué entendemos por impacto, de la diversidad de caminos que incluye, de co-creación, de cultura de impacto y del papel de las instituciones a la hora de facilitarla. A lo largo de estos Rincones se ha compartido una idea clave: el impacto no es lineal, ni inmediato, ni totalmente previsible.
En esta nueva serie de artículos, queremos empezar dando un paso más y poner sobre la mesa una pregunta que a menudo queda fuera del relato habitual: ¿qué ocurre cuando el resultado de nuestra investigación no es el que preveíamos? ¿Y si una innovación, una evidencia o una aplicación tienen consecuencias no deseadas, o incluso negativas?
El sistema de investigación tiende a dar visibilidad, sobre todo, a aquello que encaja en el relato del “éxito”. En este Rincón, sin embargo, queremos reivindicar justamente lo contrario: hablar del impacto inesperado, accidental. También del impacto negativo, como una parte inherente del trabajo científico en contextos reales y complejos. Por ejemplo, durante la década de los años 30 se descubrieron los CFC (o clorofluorocarbonos), que debido a su “seguridad” resolvían el problema que suponía hasta entonces el uso de gases nocivos e inflamables en la refrigeración de los procesos industriales. Unas décadas más tarde, en un artículo publicado a Nature1, se descubrió que eran los responsables del agujero de la capa de ozono debido a su persistencia en el sistema. Los CFC fueron prohibidos oficialmente en 1987 mediante el Protocolo de Montreal.
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El impacto no siempre llega como esperas
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El camino hacia el impacto puede adoptar formas muy diversas, algunas de ellas inesperadas. Esta idea no es nueva. Ya en 1936, el sociólogo Robert K. Merton reflexionaba sobre las consecuencias imprevistas de las acciones sociales con un propósito concreto.
Una de las ideas centrales que podemos extraer —y que sigue plenamente vigente— es que el hecho de que el resultado de una acción no sea el previsto no implica necesariamente que sea negativo, aunque pueda acabar siéndolo. En contextos complejos, los resultados inesperados pueden emerger tanto de dinámicas estructurales como de la propia serendipia de las acciones, tal y como han revisitado trabajos más recientes sobre anticipación y teoría del cambio (Andrews, 2024; Sørensen et al., 2025).
Así, las consecuencias no previstas pueden ir desde beneficios inesperados que no habíamos planificado, hasta inconvenientes que aparecen durante el despliegue de una investigación o innovación, o incluso consecuencias negativas que producen el efecto contrario al que se pretendía. Trabajar hacia el impacto implica, necesariamente, convivir con esta incertidumbre.
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Cuando la falta de anticipación juega en contra
Cuando la falta de anticipación juega en contra
Un elemento que aparece de manera recurrente es el riesgo asociado a la combinación entre: la presión por obtener resultados y la falta de espacios para pensar qué ocurre después de un proyecto. Cuando no nos preguntamos activamente cómo se utilizará el conocimiento generado, en qué contextos o con qué limitaciones, pueden emerger consecuencias a medio y largo plazo muy diversas.
No necesariamente porque exista una mala intención sino porque la complejidad del mundo real a menudo supera nuestra capacidad de predicción, especialmente cuando no hay un seguimiento explícito del camino hacia el impacto (Sørensen et al., 2025). Incorporar esta mirada forma parte de una aproximación más realista y responsable al impacto.
Trabajar hacia el impacto implica, inevitablemente, convivir con la incertidumbre y aceptar que no todos los efectos de la investigación serán los que habíamos imaginado.
Cuando el resultado no es un beneficio
Cuando el resultado no es un beneficio
En este contexto, la literatura especializada ha comenzado a utilizar el concepto de grimpact, introducido por Derrick et al. (2018), para referirse a cualquier impacto derivado de la investigación que sea negativo. A través de diferentes ejemplos, estos trabajos nos recuerdan que la investigación no es neutral y que, en determinadas circunstancias, puede reducir el bienestar social, ya sea de forma intencionada o no.
Hablar de grimpact puede resultar incómodo, pero es necesario. Y, paradójicamente, descubrir que un resultado no es positivo para la sociedad puede ser, en sí mismo, un impacto de gran valor. Hacer visibles los límites, los errores o los efectos contrarios a los esperados, ayuda a evitar que estas situaciones se repitan y contribuye al aprendizaje colectivo.
Reconocer errores y consecuencias no deseadas forma parte del método científico. Hacerlo de manera transparente es también un ejercicio de responsabilidad hacia la sociedad. En algunos casos, una gestión adecuada de un grimpact puede acabar generando, indirectamente, impactos positivos, fruto del aprendizaje, la mitigación o la investigación derivada.
Reconocer los impactos no intencionados no debilita la investigación; la hace más responsable, más honesta y mejor conectada con la sociedad.
El papel clave de los stakeholders: detectar riesgos a tiempo
El papel clave de los stakeholders: detectar riesgos a tiempo
En los Rincones anteriores hemos insistido en la importancia de interactuar con stakeholders para promover el uso y la movilización del conocimiento. Pero estas interacciones no solo son clave para generar impacto positivo, sino también para detectar riesgos y efectos no deseados.
A menudo, las primeras señales de un impacto inesperado aparecen fuera del ámbito académico. Actores locales, gestores, administraciones o colectivos afectados son quienes identifican antes tensiones, efectos colaterales o consecuencias imprevistas. Mantener relaciones continuadas, abiertas y de confianza con estos actores permite anticipar problemas, abrir espacios de diálogo y comprender mejor la pluralidad de efectos que puede generar la investigación.
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Hacia una cultura de impacto más honesta
Hacia una cultura de impacto más honesta
Promover una cultura de impacto saludable, implica ser capaces de explicar no solo qué ha funcionado, sino también qué no ha ido como esperábamos y qué hemos aprendido de ello. Una cultura que no se limita a mostrar resultados positivos, sino que incorpora la reflexión crítica y el aprendizaje colectivo como parte del proceso.
Si queremos una investigación realmente conectada con la sociedad, debemos aceptar que esta conexión conlleva responsabilidades, dilemas y, a veces, consecuencias incómodas. Quizás el reto no sea evitar cualquier impacto negativo, objetivo probablemente imposible, sino aprender a anticiparlos mejor, reconocerlos cuando aparecen y gestionarlos de manera responsable.
En definitiva, hablar de impactos no intencionados nos invita a hacernos preguntas difíciles pero necesarias: ¿para quién es beneficioso un impacto?, ¿quién puede quedar excluido?, ¿qué voces estamos escuchando… y cuáles no? Incorporar estas preguntas a nuestra manera de hacer investigación es también una forma de entender el impacto como un compromiso continuo con la complejidad del mundo que queremos transformar.
Una cultura de impacto madura no es la que solo muestra resultados positivos, sino la que también aprende de lo que no ha funcionado.
Para saber más...
Para saber más...
- Merton, Robert K. (1936) “The Unanticipated Consequences of Purposive Social Action.” American Sociological Review 1, no. 6 (1936): 894–904. https://doi.org/10.2307/2084615
- Sørensen, OK et al. (2025) “And then a milagro occurs—a review de las teorías de las modificaciones de modelos para el impacto social de investigación”, Research Evaluation, Volume 34, rvaf057, https://doi.org/10.1093/reseval/rvaf057
- Derrick, G. et al. (2018). Towards characterizing negative impact: Introducing Grimpact. 1199-1213. Papel presentado en 23rd International Conference on Science and Technology Indicators 2018, Leiden, Netherlands.
- Andrews, Clinton. (2024). Better Anticipating Unintended Consequences. IEEE Transactions on Technology and Society. PP. 1-1. https://doi.org/10.1109/TTS.2024.3403412