03/06/2026 Reportaje

¿Cómo se dispersan los frutos y semillas de las plantas?

Técnico/a de comunicación

Carla Trabado Abelenda

Graduada en Biología por la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente, curso un máster en "Social Media: gestión y estrategia" por la Universitat Oberta de Barcelona. Mi experiencia profesional se ha

AMB LA COL·LABORACIÓ DE: 

En el imaginario colectivo, las plantas no se mueven; están arraigadas al suelo. Pero entonces, ¿cómo consiguen llegar a nuevos territorios? En realidad, no son ellas las que viajan, sino su descendencia: las semillas y los frutos. A través de su dispersión, estas estructuras pueden alcanzar distancias que van desde unos pocos metros hasta grandes extensiones geográficas. Este proceso constituye una de las grandes innovaciones evolutivas del reino vegetal y ha permitido que las plantas vasculares hayan colonizado gran parte del planeta. Hoy en día, existen familias y géneros presentes en casi todos los continentes y ambientes terrestres. Ni los océanos ni las grandes cordilleras han sido siempre barreras infranqueables.

Esta forma de “moverse” sin desplazarse directamente forma parte de las estrategias de dispersión de las plantas. Esto implica dos mecanismos principales: la polinización, que permite el encuentro de los gametos, y la dispersión de las semillas, que favorece que se alejen de la planta madre. Para hacer posible la dispersión, la planta proporciona al embrión reservas nutritivas y lo rodea de capas protectoras para resistir condiciones adversas: esto es lo que conocemos como semilla. Es, de algún modo, una “maleta” con todo lo necesario para que el embrión pueda sobrevivir durante el transporte e iniciar su desarrollo en otro lugar. En muchas especies, esta semilla está aún más protegida dentro de una estructura adicional: el fruto. A menudo adopta formas carnosas, atractivas o resistentes que facilitan la dispersión. Por ejemplo, en una cereza, la parte carnosa del fruto actúa como vehículo que ayuda a transportar la semilla que se encuentra en su interior. 

1. Tipos de dispersión de semillas y frutos: 4 mecanismos principales 

Una vez formadas, las semillas y los frutos inician un auténtico viaje. Algunas flotan por los océanos, otras planean con el viento, muchas viajan gracias a los animales e incluso las hay que “explotan” para proyectar su descendencia lejos de la planta madre. 

1.1. Navegar por el agua (hidrocoria) 

Algunas semillas y frutos se desplazan por ríos, lagos y mares gracias a estructuras que les permiten flotar y resistir la inmersión durante períodos variables. Un ejemplo son los frutos del cocotero (Cocos nucifera), que crecen en las costas tropicales. El fruto tiene una parte interna rica en nutrientes y una cubierta externa fibrosa y ligera que le ayuda a flotar mientras las corrientes marinas lo transportan a grandes distancias. 

1.2. Aprovechar el viento (anemocoria) 

El viento es otro aliado de la dispersión vegetal. En este caso, las semillas y los frutos son muy ligeros y, a menudo, presentan estructuras que aumentan su superficie y reducen la velocidad de caída, facilitando el desplazamiento aéreo.

Un ejemplo muy conocido es el diente de león (Taraxacum officinale), muy habitual en primavera y fácilmente reconocible por sus frutos secos —llamados aquenios— provistos de un penacho de pelos denominado papus o vilano. Popularmente se conocen como “pelusas” o “angelitos”, y muchas personas los soplan mientras piden un deseo.

Otras semillas que son arrastradas por el viento a largas distancias son las de los chopos (Populus), rodeadas de pelos algodonosos que forman los típicos copos de “algodón” primaveral. 

Fruit del cocoter

Fruto del cocotero (Cocos nucifera). Autoría: Michael Gemmell, iNaturalist

Fruits del pollancre

Frutos del chopo (Populus). Autoría: Mark Apgar, iNaturalist

1.3. Adherirse a los animales o dejarse comer (zoocoria)

Peces, aves, hormigas y roedores son algunos de los animales dispersores de semillas. Este mecanismo es muy diverso y cada animal establece un tipo de interacción diferente.

En algunos casos, los animales comen los frutos y posteriormente expulsan las semillas en otro lugar: es la dispersión interna o endozoocoria. Un ejemplo es el tejo (Taxus baccata), un árbol con una capacidad de dispersión potencialmente elevada, ya que sus frutos sirven de alimento a aves, roedores y otros pequeños mamíferos, que los consumen y contribuyen al transporte de las semillas.

En otros casos, las semillas simplemente se adhieren al pelaje de los mamíferos, a las plumas de las aves o incluso a nuestra ropa, viajando sin que nos demos cuenta: es la dispersión externa o ectozoocoria. Un ejemplo clásico es la bardana (Arctium lappa), cuyos frutos están provistos de ganchos que se enganchan fácilmente al pelaje de los animales, facilitando su transporte pasivo a largas distancias.

También existen semillas que poseen pequeñas estructuras nutritivas capaces de atraer insectos, que las transportan hasta sus nidos o refugios. Este mecanismo se conoce como mirmecocoria. Es el caso de las hormigas, que llevan las semillas a sus nidos y contribuyen así a su dispersión a corta distancia. 

1.4. Explotar para llegar lejos (autodispersión de semillas) 

A veces, la planta no necesita ayuda de ningún agente externo, sino que utiliza mecanismos propios para dispersar sus semillas. Durante la maduración, los frutos acumulan tensiones mecánicas y, en un momento determinado, se rompen de forma repentina, proyectando las semillas a distancia.

Este mecanismo es típico de las leguminosas o fabáceas, cuyas vainas se secan de manera desigual y generan presiones que provocan su apertura brusca: una auténtica explosión que dispersa las semillas. En Cataluña, la retama de olor (Spartium junceum) y los geranios silvestres (Erodium spp.) son algunos de los ejemplos más conocidos. 

2. ¿Puede una planta tener frutos diferentes? La heterocarpia: dos en uno 

La diversidad de formas y estructuras es una característica intrínseca de la naturaleza, y las plantas no son una excepción. En algunas especies, una misma planta produce distintos tipos de frutos con estrategias de dispersión diferentes y, en consecuencia, con distintas posibilidades de establecimiento en el territorio. Esto se conoce como heterocarpia: normalmente, unos frutos presentan una mayor capacidad de dispersión a larga distancia, ya sea mediante el viento o adhiriéndose al pelaje de los animales, mientras que otros permanecen cerca de la planta madre. Esta diversidad permite combinar la exploración de nuevos hábitats con el mantenimiento de la población en entornos ya favorables.

Un ejemplo es Leontodon longirostris. Esta planta produce unos frutos llamados aquenios —pequeños frutos secos con una sola semilla en su interior— de dos tipos distintos. Los centrales poseen un penacho de pelos que facilita su dispersión por el viento, mientras que los externos son más gruesos, carecen de dicho penacho y suelen permanecer cerca de la planta madre. 

Fruit Longirostris

Fruto Longirostris. Autoría: Zebedeugalinha, iNaturalist

Leontodon_experiment_Autoria_MariaMayol

Experimento Leontodon. Autoría: Maria Mayol

Treball_de_camp_Autoria_mariamayol

Trabajo de campo. Autoría: Maria Mayol

Además, ambos tipos germinan de manera diferente: los primeros pueden hacerlo más rápidamente cuando las condiciones son favorables, mientras que los segundos pueden permanecer más tiempo en el suelo antes de germinar. Esta estrategia escalona la germinación y aumenta las probabilidades de supervivencia. Esta combinación de diferentes tipos de frutos resulta especialmente útil en ambientes variables, como los mediterráneos, donde las condiciones pueden cambiar mucho de un año a otro. No depender de una única estrategia de dispersión o establecimiento aumenta las probabilidades de que al menos una parte de la descendencia tenga éxito. 

Esta variabilidad ambiental puede generar diferencias en la proporción de ambos tipos de frutos, como se ha observado en las poblaciones ibéricas de Leontodon longirostris estudiadas en el proyecto POREXPAN, liderado por la investigadora María Mayol del CREAF. Los resultados muestran que las poblaciones situadas en los frentes de expansión —localizados al norte— presentan una mayor proporción de frutos con alta capacidad de dispersión, mientras que en el sur aumentan los frutos que permanecen cerca de la planta madre. 

3. La variación de los frutos y las semillas dentro de una misma especie 

La variación dentro de una misma especie no se limita al tipo de fruto o a sus proporciones, sino que también puede aparecer en el grosor y la composición de los tejidos que rodean al embrión. Estos tejidos condicionan la entrada de agua y gases y, por tanto, influyen en el momento y la dinámica de la germinación.

Estas diferencias pueden ser adaptativas, ya que no es lo mismo germinar en ambientes húmedos y templados que hacerlo en zonas áridas o en lugares donde las heladas pueden poner en riesgo la supervivencia de las plántulas —plantas jóvenes recién germinadas—. En este sentido, la selección natural puede favorecer configuraciones de tejidos que permitan una germinación rápida cuando las condiciones son favorables o, por el contrario, que retrasen la germinación hasta que el ambiente sea más adecuado. 

Tall llavor Leontodon longirostris. Autoria: Maria Mayol

Corte semilla Leontodon longirostris . Autoría: Maria Mayol

Esta relación entre la estructura de los frutos y las condiciones ambientales es precisamente lo que se ha observado en Leontodon longirostris en el marco del proyecto POREXPAN. En las poblaciones de la península ibérica existe variación en el tamaño y en la proporción de los tejidos que rodean al embrión dentro de cada tipo de fruto (central y externo), en función del gradiente climático norte-sur, y estas diferencias están asociadas a la velocidad de germinación. 

4. ¿Cómo afectan la fragmentación de hábitats y el cambio climático a la dispersión de semillas y frutos? 

Una vez que una semilla se dispersa, el trabajo no ha terminado: todavía debe ser capaz de germinar, arraigar y crecer. Si las condiciones no son adecuadas o existe demasiada competencia, el nuevo individuo no prosperará. En definitiva, la dispersión solo es efectiva cuando va acompañada de un buen establecimiento de los nuevos individuos. Tanto la dispersión como el establecimiento dependen de las condiciones ambientales, que están cambiando en muchos lugares debido a la acción humana y al cambio climático.

Uno de los efectos más importantes de la actividad humana es la fragmentación de los hábitats: cuando la continuidad del paisaje se rompe por infraestructuras como carreteras o ciudades, las poblaciones vegetales quedan divididas en pequeños fragmentos rodeados por zonas poco favorables para el establecimiento de nuevos individuos.

En este contexto, dispersar semillas y frutos demasiado lejos puede convertirse en una desventaja, ya que aumenta la probabilidad de que terminen en lugares donde no puedan sobrevivir. A largo plazo, esto podría favorecer a las semillas que se dispersan a distancias más cortas y permanecen dentro de hábitats favorables. Este proceso fue estudiado en varias asteráceas dentro del proyecto PLANT DISPERSAL. En el caso de Mycelis muralis, los resultados mostraron que las plantas de las poblaciones más aisladas tenían una menor capacidad de dispersión, tanto a escala local como regional. Estos resultados indican que la fragmentación del paisaje no solo afecta a la distribución de las plantas, sino también a la evolución de su capacidad de dispersión.

El cambio climático también puede condicionar la capacidad de colonizar nuevos territorios. Un ejemplo es el tejo (Taxus baccata): aunque sus semillas pueden dispersarse a larga distancia gracias a aves y pequeños mamíferos que ingieren los frutos, el aumento de las temperaturas y de las sequías persistentes en la región mediterránea dificulta cada vez más el establecimiento y la supervivencia de las nuevas plantas.