La arquitectura del Espacio de Datos para el Pacto Verde definida por SAGE está diseñada de manera modular, para que pueda adaptarse fácilmente a otros contextos. Además, siempre que es posible se recurre a soluciones de código abierto que fomentan la transparencia del sistema.
Hay que entender que un espacio de datos no es un repositorio, sino más bien una carretera por la que circula la información. Imaginemos que un ayuntamiento quiere compartir información de la presencia de especies protegidas en su municipio con una consultoría ambiental para hacer un estudio. En vez de tener que subir los datos a una plataforma externa, ambas entidades podrán conectarse gracias una tecnología llamada conectores de espacios de datos. Esta es la pieza central. El conector funciona como un semáforo que dejará circular los datos en función de unas reglas que establece el proveedor, en este caso el ayuntamiento, sin más intermediarios. Ambas parten deberán firmar un contrato digital que comprobará automáticamente que las reglas se cumplen. Si todo encaja, semáforo verde: la información se comparte. Todas las operaciones quedan registradas asegurando su trazabilidad. Así es cómo el proveedor sabe en todo momento quien utiliza los datos y cómo lo hace.