Según el equipo de investigación, al principio pensaban que los islotes estaban protegidos de la serpiente, porque no tenía forma de acceder a ellos con el mar de por medio. “De hecho, en el artículo científico explicamos que cuando empezamos a detectar las primeras serpientes pensábamos que se trataba de introducciones accidentales, quizá vinculadas a embarcaciones o al transporte humano. Pero, a medida que recopilamos vídeos, fotografías y testimonios de serpientes nadando en mar abierto, entendimos que eran capaces de llegar por sí mismas”, relata Oriol Lapiedra, investigador del CREAF y autor principal del estudio.
Para realizar el estudio, el equipo ha combinado trabajo de campo, trampas para detectar serpientes, comparación de censos actuales y antiguos, filmaciones, fotografías y observaciones verificadas de pescadores y residentes. En el caso del islote de Santa Eulària, instalaron 12 trampas y capturaron hasta 58 ejemplares de serpiente entre 2023 y 2025.