Observamos que, aproximadamente dos días después de las olas de calor, aparecían picos de tolueno por la mañana. Esto nos hizo pensar que había una respuesta del propio bosque ante dichas condiciones de estrés
El tolueno, un compuesto orgánico volátil conocido principalmente por su relación con el tráfico, podría convertirse en un nuevo indicador del estrés ambiental en los bosques mediterráneos. Es la conclusión de un nuevo estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) y el CREAF, que ha detectado emisiones significativas de esta sustancia en encinares mediterráneos, especialmente bajo condiciones climáticas extremas como olas de calor y sequía.
El estudio, publicado en la revista Environmental Science Atmospheres, se basa en datos recogidos durante los veranos de 2021, 2022 y 2023 en el Parque Natural del Montseny (Barcelona), coincidiendo con uno de los episodios de sequía más intensos registrados en Cataluña en las últimas décadas. Durante estos periodos, el equipo observó aumentos recurrentes en las concentraciones de tolueno en zonas forestales, especialmente tras episodios de calor extremo.
El análisis estadístico reveló que dichos episodios estaban bien definidos. En concreto, la temperatura fue unos 5ºC superior a las de los días sin las olas de calor y el aire estaba significativamente más seco lo cual indicaba una situación de estrés hídrico por parte de la vegetación.
Un posible trazador del estrés en los ecosistemas
El hallazgo abre la puerta a utilizar el tolueno como un posible trazador del estado fisiológico de los bosques mediterráneos. La investigadora indica que los próximos pasos consistirán en comparar estos resultados con otros bosques mediterráneos, como los de Marsella o Chipre, para evaluar si este patrón se repite en distintas regiones.
“Si confirmamos el mismo comportamiento en otros ecosistemas, el tolueno podría convertirse en una herramienta útil para monitorizar el estrés climático de los bosques”, señala el investigador del IDAEA y autor del trabajo, Roger Seco.
Implicaciones del tolueno para la calidad del aire
El tolueno forma parte de los compuestos orgánicos volátiles, un grupo de sustancias químicas fundamentales en la formación de ozono troposférico y de partículas en suspensión, especialmente durante el verano. El ozono no siempre es beneficioso: en la estratosfera forma la capa de ozono protectora frente a la radiación ultravioleta. Sin embargo, en la troposfera, la capa más cercana a la superficie, se comporta como un contaminante, que puede irritar las vías respiratorias, dañar la vegetación y actuar como un gas de efecto invernadero.
Por tanto, un aumento de compuestos orgánicos volátiles en la atmósfera, como el tolueno, contribuye a la formación de ozono y puede agravar los episodios de contaminación estival. En zonas como el Montseny, estos compuestos volátiles reaccionan con los óxidos de nitrógeno procedentes del tráfico urbano y favorecen la formación de ozono. "Hasta ahora, el tolueno se consideraba mayoritariamente un contaminante antropogénico emitido por el tráfico y la industria", explica Joan Llusià, investigador del CREAF y uno de los coautores del estudio.
En este sentido, la gran mayoría de los compuestos orgánicos volátiles no están regulados de forma específica, pero dado los resultados de este estudio, los investigadores coinciden en la importancia de incluirlos en las estrategias de calidad del aire debido a su papel relevante en la química atmosférica.
El artículo también lo firman el investigador del CSIC en el CREAF, Josep Peñuelas; y los investigadores del CREAF Iolanda Filella y Marcos Fernández-Martínez.