18/09/2026 Reportaje

¿Podemos salvar una planta de la extinción? La ciencia que hay detrás de las translocaciones

Técnico/a de comunicación

Núria Coma Leal

Graduada en Biología y másteres en Biodiversidad (UB) y Comunicación Científica (VIU). Con vocación por acercar la naturaleza y la ciencia a todos los públicos con rigor y claridad.

En los humedales del Empordà crece una planta que casi nadie conoce y que, sin embargo, solo existe en este rincón de la Península Ibérica: el Plantago cornuti. Una especie de planta de hoja ancha que forma racimos florales muy largos, de hasta 30 o 40 cm. En los últimos quince años, su población se ha reducido en un 60 % debido a factores como la alteración del hábitat, los cambios en el uso del suelo y la contaminación del agua. A día de hoy está clasificada como especie «en peligro» en el Catálogo de Flora Amenazada de Cataluña. Ante esta situación, existe un compromiso legal, pero también ético, para evitar su desaparición.

Pero, ¿cómo se hace esto? La forma de conservarla supone un auténtico reto: recoger unas cuantas semillas, cultivarlas en un vivero y replantarlas donde puedan sobrevivir. Este proceso se conoce como translocación, una de las principales herramientas de la biología de la conservación.

Las translocaciones no son nada nuevo en lo que respecta a la conservación de la fauna silvestre. La recuperación de la nutria, el quebrantahuesos o otras especies amenazadas ha popularizado esta estrategia entre el público. Sin embargo, cuando se trata de plantas, sigue siendo una práctica invisible. Esta falta de concienciación se debe a lo que se conoce como «ceguera vegetal»: tendemos a centrarnos en los animales, pero las plantas suelen pasar desapercibidas, incluso cuando sustentan los ecosistemas de los que dependen esos mismos animales.

 

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Woman hiking in green forest, with backpack.

¿Qué son las translocaciones y qué casos de éxito hay en España?

Según la definición de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), la translocación es el traslado intencionado de organismos vivos de una zona a otra. El objetivo es claro: toda translocación debe aportar un beneficio para la conservación de la especie, la población o el ecosistema. 

No todas las translocaciones son iguales. La principal diferencia radica en si se lleva a cabo dentro del área de distribución nativa de la especie —lo que denominamos «restauración de poblaciones»— o, por el contrario, en una zona en la que la especie no había estado presente anteriormente —lo que se conoce como «introducción»—.

En el caso de la restauración, el objetivo es restaurar y conservar una población amenazada dentro de su propio hábitat. Existen dos modalidades:

  • El refuerzo de la población, que se produce cuando se trasplantan individuos a una población ya existente. Un buen ejemplo es el proyecto del CREAF con Plantago cornuti, mediante el cual se han plantado aproximadamente 250 ejemplares en los humedales del Empordà, en colaboración con los gestores del parque y con la financiación del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica.
  • En el caso de la reintroducción, la especie que se trasplanta debe haber desaparecido previamente de ese territorio. A nivel nacional cabe destacar el papel de la Comunidad Valenciana, con reintroducciones de especies como la silene de Hifac (Silene hifacensis), que se considera extinta en gran parte de su área de distribución.
     

En cuanto a las introducciones, la translocación más habitual es la colonización asistida, en la que se trasplanta una especie vegetal fuera de su área de distribución nativa para evitar su extinción. Se utiliza como herramienta de gestión cuando no es posible eliminar las amenazas que pesan sobre el área de distribución original de una planta, o cuando su hábitat se ha alterado hasta tal punto que ya no le resulta viable vivir y completar su ciclo vital. El ejemplo más cercano, aunque a pequeña escala, es la hidrocotila común o redondita de agua (Hydrocotyle vulgaris). Desde el CREAF, en estrecha colaboración con los gestores del parque y con el apoyo de la Generalitat de Cataluña, se ha intentado salvar esta especie en peligro de extinción mediante el refuerzo de la población dentro del espacio natural del Baix Ter, de donde es originaria, y mediante la colonización de nuevas zonas en los humedales del Empordà.

Los humedales, el hábitat de actuación del CREAF

Las translocaciones son una de las áreas de trabajo de Sandra Saura-Mas, investigadora del CREAF, profesora de la UAB y experta en esta práctica. Junto con su equipo técnico, ha coordinado las iniciativas ReFlora y Translocat y, en la actualidad, dirige el proyecto Aiguaflor, todos ellos financiados por el Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica. Los lugares de intervención se encuentran en el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter, y el Parque Natural de las Marismas del Empordà. Entre los casos de éxito en los que ha trabajado, en colaboración con el personal de los parques naturales, destacan Plantago cornuti, Hydrocotyle vulgaris y Salicornia alpini. Todas ellas son especies amenazadas en Cataluña, pero también protegidas.

El capell d’aigua (Hydrocotyle vulgaris)

Redondita de agua (Hydrocotyle vulgaris) en el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter. Autor: Galdric Mossoll 

Replantació de Salicornia alpini

Ejemplar de Salicornia alpini en el Parque Natural del Montgrí, las Islas Medes y el Baix Ter. Autor: Galdric Mossoll 

Exemplar de Plantago cornuti

Fotografia de Plantago cornuti  dentro del Parque Natural de los humedales del Empordà. Autora: Sandra Saura-Mas

La particularidad de estas especies es que son autóctonas de los humedales, y no por casualidad: se trata de uno de los ecosistemas más amenazados del mundo por los pesticidas, la presión urbanística costera o el cambio climático. En estos momentos, la translocación puede ser la única opción plausible para conservar las especies que los habitan.

Según Saura-Mas, la principal referencia en materia de translocaciones es el Manual de translocaciones y buenas prácticas de la UICN, un documento que le ha servido de guía a lo largo de los años y que establece los criterios para justificar, diseñar y llevar a cabo las translocaciones como herramienta de conservación. También incluye algunos factores que deben tenerse en cuenta antes de iniciar una translocación, como el tamaño mínimo viable o las especies presentes en el lugar de destino.

 

De la semilla a la planta

Sandra explica el trabajo que conlleva una translocación. El primer paso es elegir un lugar cuyo hábitat sea lo más similar posible al natural y que esté libre de las amenazas que pusieron en peligro a la especie. Una vez elegido el lugar, ¡es hora de ponerse manos a la obra!

El equipo se desplaza al terreno para recolectar esquejes o semillas de la planta en su lugar de origen y llevarlos a un vivero para que germinen y crezcan. Esta primera fase es, de hecho, la más delicada de todo el proceso: solo se deben recoger las semillas o esquejes estrictamente necesarios, teniendo en cuenta la variabilidad genética siempre que sea posible.

La recolección de esquejes y semillas es un proceso quirúrgico. No queremos afectar a la población natural

Sandra Saura, investigadora del CREAF

Una vez que las plantas han alcanzado el tamaño suficiente —existe un tamaño mínimo para garantizar el éxito, según la experiencia previa—, se trasladan a su emplazamiento definitivo. Para ayudarles a colonizar la zona, a menudo es necesario eliminar la vegetación existente que compite con ellas y limita su crecimiento, especialmente en los cañaverales.

Pero el trabajo no termina con la plantación. Hay que llevar a cabo un seguimiento «durante al menos dos o tres años, midiendo el crecimiento y la supervivencia para averiguar qué emplazamientos han tenido éxito y cuáles no», explica la investigadora. Este aprendizaje es clave para mejorar las acciones futuras.
 

Prenent mides a un exemplar

Sandra hace el seguimiento de Salicornia alpini en los humedales del Baix Ter. Imagen: Galdric Mossoll 

Los retos antes y después de una translocación

El éxito de una translocación depende de muchos factores y el primero es elegir la ubicación adecuada. Esto supone un reto especial en los humedales, ya que siguen sufriendo una presión humana significativa. Otro reto es que, a menudo, las especies raras y amenazadas están poco estudiadas en lo que respecta a su biología y ecología: «Conocemos el hábitat en el que viven hoy en día y en el que han sobrevivido, pero que puede que no sea necesariamente el mejor para la especie actualmente, en medio del cambio global», advierte la experta.

Una vez llevada a cabo la translocación, e incluso con una buena planificación, también pueden surgir circunstancias imprevistas. Un ejemplo de ello es la introducción de especies exóticas invasoras, como el coipú: este roedor se comió una plantación traslocada de junco florido (Butomus umbellatus), otra especie amenazada con la que trabajó Saura-Mas. Para solucionarlo, se instaló una valla de exclusión de herbívoros alrededor de la plantación.

Otros imprevistos son invisibles a simple vista y muy difíciles de resolver, y aunque se dan a mayor escala, también son muy importantes para la supervivencia de las plantas translocadas. «Aquí es donde entran en juego los efectos de las sequías y la alteración del régimen hídrico, influidos por el cambio climático», explica Saura-Mas.

Exemplar de jonc florit

Un ejemplar de junco florido (Butomus umbellatus) procedente de una población de la zona del Baix Ter. Fuente: Ramón Fortià. 

España, el epicentro europeo de las translocaciones

La cuenca mediterránea es un punto caliente de biodiversidad dentro de Europa: cuenta con una gran riqueza de especies endémicas y raras, muchas de las cuales se encuentran amenazadas. Por este motivo, no es de extrañar que España sea uno de los países europeos donde se han llevado a cabo más translocaciones de plantas.

Pero un mayor número de translocaciones no siempre implica un mayor éxito. Un estudio internacional publicado en 2025, dirigido por Sandrine Godefroid y en el que participaron más de 60 investigadores de 28 países diferentes —entre ellos Sandra Saura-Mas, del CREAF—, analiza más de 3.000 plantas traslocadas en Europa y concluye que 7 de cada 10  no se consideran exitosas al cabo de 5 años. El estudio no se queda ahí, sino que propone medidas de buenas prácticas para aumentar el éxito, como mejorar la planificación del lugar de reubicación y llevar a cabo un seguimiento a más largo plazo.

Esta elección del hábitat es precisamente lo que más preocupa a la investigadora. «En la actualidad, encontrar este hábitat favorable es la principal limitación a la que nos enfrentamos a la hora de reubicar especies con éxito». Esto se debe a que es muy difícil que una translocación tenga éxito si no va acompañada de una mejora real del hábitat en el que vivirá la especie. En este sentido, la experta confía en la nueva ley de restauración ecológica y en el marco normativo que se derivará de ella. «Podría ser una buena oportunidad para mejorar el éxito de futuras translocaciones, ya que se centra precisamente en la recuperación de hábitats y ecosistemas».

 

Investigadora caminant pels aiguamolls

Sandra explica que uno de los principales retos a la hora de realizar un traslado es encontrar los hábitats más adecuados para una especie determinada. Imagen: Galdric Mossoll 

Investigadores en treball de camp

Sandra Saura-Mas, investigadora del CREAF, y Laura Olivé, técnica de apoyo en diversos proyectos, durante una jornada de trabajo de campo

¿Merece la pena todo este esfuerzo?

Según Saura-Mas, la respuesta es un sí rotundo. Muchas translocaciones de plantas se realizan por obligación legal, pero también moral, de conservar una especie única.

Aunque hay casos en los que esta práctica no tiene éxito, la situación de emergencia medioambiental y ecológica en la que nos encontramos nos obliga, en la medida de lo posible, a actuar y a intentarlo. Porque si esperamos demasiado, muchas de las plantas únicas del Mediterráneo se habrán extinguido

Sandra Saura

Sin embargo, no siempre es posible cumplir todos los criterios establecidos en el manual de buenas prácticas de la UICN, que a menudo requieren unos recursos o una financiación que, sencillamente, no existen. No obstante, cuando la translocación finalmente se lleva a cabo, a veces ya es demasiado tarde: o bien no se pueden realizar los estudios genéticos preliminares por falta de financiación, o bien la especie ya se encuentra en una situación crítica cuando se produce la intervención. Por este motivo, muchas translocaciones no acaban siendo del todo exitosas, a pesar de la voluntad científica y administrativa de que así sea.

Casos de éxito como el de Plantago cornuti —un remanente de las marismas del Empordà— demuestran que, en materia de conservación, actuar mientras aún hay tiempo puede marcar la diferencia.

 

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