He aprendido que el arte ofrece una manera distinta de mirar los procesos y fenómenos que dábamos por entendidos, permitiéndonos reinterpretarlos desde nuevas perspectivas. También que una colaboración entre disciplinas aparentemente muy alejadas puede encontrar formas de explicar ideas complejas más allá del ámbito académico. Me ha sorprendido que el ciclo del carbono pueda ser relacionado con una obra de teatro, y aún más, que esa relación ahora me parezca evidente. Ha sido la primera vez que intento no simplificar mi trabajo para un público no especializado. Me propuse explicar los conceptos manteniendo su complejidad, y terminé aprendiendo tanto como en cualquier etapa de investigación.
Una fábula sobre el ciclo del carbono es el fruto de la interacción entre ciencia y arte en el CREAF
Artistas y científicos presentaron los frutos de su colaboración en la sala Hangar a través de una conferencia performativa titulada “Fins que el principi em torne al final”. En la obra, 6 escenas que se repetían cada 10 minutos representaban de manera simultánea diversas imágenes y metáforas en torno al ciclo de carbono. El conjunto daba vida a un ecosistema visualmente muy potente que reflejaba cómo el carbono circula, se acumula y se libera una y otra vez en diferentes escalas de tiempo.
Seguramente recuerdes alguna de las fábulas que te contaron en tu infancia, historias entrañables donde protagonistas inesperados, como una tortuga, una liebre, el viento o el mar, descubren algo de sí mismos y lo condensan en una pequeña enseñanza. ¿Y si escribiéramos una fábula donde el protagonista fuera el carbono? Este ha sido el camino que han transitado los investigadores del CREAF Estefanía Muñoz y Filipe Andrade junto con los artistas Ximo Berenguer, Ana Moure y Carlos Pastor, del colectivo La cuarta piel, acompañados por Paula Bruna como curadora de la primera residencia de investigación artística Jaume Terradas. Esta residencia es una iniciativa que surge desde ECOTONS, el grupo de arte y ciencia del CREAF que busca abrir espacios donde ambas disciplinas dialoguen para enriquecerse mutuamente.
El espectador podía caminar por el espacio entre cada una de estas escenas y prestarles atención una a una a su propio ritmo. El hilo conductor era un cuento que cuatro personas leían en voz alta iluminadas por una luz tenue. A su derecha, tres operarias simulaban tomar muestras del aire y del suelo. Al fondo, una pareja se daba un beso apasionado. En otra esquina, un video en bucle era una ventana al bosque de Collserola visto a través de gafas de visión nocturna. En el centro de la sala nos encontramos dos esculturas. Por un lado, la de un hacha representaba la violencia con la que el ser humano altera el ciclo del carbono. Por otro, la de un dron que sugería una paradoja: la tecnología que utilizamos para observar la naturaleza hace que el carbono se observe a sí mismo. Ambas eran a la vez armas y joyas, en referencia a la dualidad de nuestras capacidades creativas.
Más que contar una historia, la conferencia performativa plantea una situación: un ciclo que se encarna, se desborda y se repite. Un dispositivo escénico que propone experimentar el carbono no como dato, sino como drama material, como relación ineludible entre vida, técnica y territorio.
Todo ello, envuelto por la música acusmática de la compositora francesa Èliana Radigue, construía una experiencia que presentaba el ciclo del carbono, más allá de la explicación científica, como un relato cultural atravesado por la mirada social, literaria, política, mitológica y económica.
Aunque la performance solo se representó durante una tarde, es posible revivirla gracias a un video grabado por el fotógrafo y realizado Tristán Pérez-Martín. Se puede ver un vídeo resumen o también la performance completa.
Un lenguaje común entre ciencia y arte
Un lenguaje común entre ciencia y arte
Estefanía Muñoz investiga las escalas temporales del ciclo de carbono en los ecosistemas terrestres recogiendo muestras de aire en grandes ampollas de vidrio que luego transforma en grafito en el laboratorio. Filipe Andrade, en cambio, estudia el balance de carbono en los ecosistemas mediante muestras de ramas, troncos, hojas y suelos. Los artistas explican que cuando llegaron al CREAF no sabían nada acerca del ciclo del carbono y lo describen como “la fragua de Vulcano”, un lugar donde se construyen a un mismo tiempo objetos y relatos.
Las miradas de ambos se fueron entrelazando a lo largo del proceso. En uno de los encuentros realizaron un taller de escritura creativa con la técnica del cadáver exquisito, que permitió expandir el conocimiento inicial de cada participante a través del texto y el dibujo. También visitaron en varias ocasiones la estación biológica de Can Balasc en pleno bosque de Collserola. Allí compartieron jornadas de trabajo de campo y paseos por el bosque que sirvieron para descubrir en qué se fijan (y en qué no) los ojos de un artista y los de un científico o científica.
La conclusión que han obtenido es que el arte y la ciencia comparten un objetivo bien claro, conocer el mundo, y que también existen muchas similitudes entre cómo trabaja un laboratorio científico y uno artístico.
Ha habido un intercambio completo de terminologías y conceptos y, de la misma manera que los artistas han entendido qué es el ciclo del carbono, los científicos han comprendido mejor qué es y qué busca realmente una performance. El éxito de la residencia ha sido precisamente esa sincronización, encontrar un lenguaje común entre la ciencia y el arte que parecían muy lejanos, pero que después no lo estaban tanto.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
El diálogo entre ciencia y arte continúa
El diálogo entre ciencia y arte continúa
Esta fértil interacción ha dejado muy buen sabor de boca a ambas partes y fuera del marco de la residencia el proyecto cobrará vida propia. Tanto los artistas como los científicos han mostrado su interés por seguir colaborando y ya tienen a la vista algunas conferencias y encuentros donde presentar su trabajo. También están explorando la posibilidad de buscar nuevas fuentes de financiación para dar el salto del escenario a la pantalla y convertir la performance en un largometraje.
Por lo pronto, los resultados de esta primera residencia quedarán recogidos en un cuadernillo que resuma el proceso colaborativo y lo que este ha generado. A su vez, en el CREAF, el grupo ECOTONS y Paula Bruna ya han comenzado el proceso de exploración de la segunda edición de la residencia Jaume Terradas, primero con una prospección interna para identificar grupos de investigación del CREAF interesados en participar, para luego encontrar artistas cuyo trabajo encaje con las temáticas y prácticas de estos equipos. Y así, el ciclo vuelve a comenzar.
El testimonio de La cuarta piel
El testimonio de La cuarta piel
El CREAF ha tenido el placer de trabajar con los artistas Ximo Berenguer, Ana Moure y Carlos Pastor, del colectivo artístico La cuarta piel. Para ellos, el proceso ha abierto nuevas formas de investigación compartida entre el arte y la ciencia y remarcan las afinidades profundas que han descubierto entre las dos disciplinas. Destacan también el vínculo humano que ha generado la residencia y ponen la mirada en el futuro.
Te lo cuentan ellos mismos:
¿Qué habéis aprendido en esta residencia?
¿Qué habéis aprendido en esta residencia?
"Además de aprender nociones fundamentales sobre el ciclo del carbono y poner a prueba nuevas formas de investigación artística compartida, la residencia nos ha permitido experimentar de verdad qué significa pensar juntas desde disciplinas distintas. Hemos aprendido no solo contenidos, sino también maneras de mirar: cómo una investigación científica puede abrirse a lenguajes escénicos, poéticos y especulativos sin perder rigor, y cómo el arte puede convertirse en una herramienta para traducir procesos complejos en experiencias sensibles. Sobre todo, hemos confirmado la importancia de los relatos y de las metáforas para explicar el mundo. En un momento de crisis climática, sentimos que no basta con conocer los datos: hace falta construir imágenes, ficciones y formas de narración que nos atraviesen y nos transformen."
¿Qué os lleváis del proceso?
¿Qué os lleváis del proceso?
"Nos llevamos muchísimo del vínculo humano que se ha generado durante la residencia: la generosidad del equipo del CREAF, la posibilidad de dialogar desde lugares distintos y la sensación de haber construido un espacio real de confianza entre arte e investigación. También nos llevamos una transformación en la mirada. Después de este proceso, el carbono ya no aparece para nosotras como un concepto abstracto o puramente científico, sino como una presencia cotidiana, casi como un agente que atraviesa cuerpos, materiales, atmósferas, tecnologías y paisajes. De algún modo, se nos ha vuelto ubicuo también en la percepción diaria, y eso modifica la relación que establecemos con el entorno y con la escala de los procesos que sostienen la vida. El propio proyecto parte de esa idea de la ubiquidad del carbono y de su circulación continua entre humanos, no humanos y tecnologías."
¿Qué es lo que más os ha sorprendido de la residencia?
¿Qué es lo que más os ha sorprendido de la residencia?
"Quizá una de las cosas que más nos ha sorprendido ha sido descubrir ciertas afinidades profundas entre la ciencia y el arte. A menudo se presentan como campos separados, pero en el proceso hemos visto que ambos construyen dispositivos para observar, formular hipótesis, ensayar posibilidades y producir sentido. En el laboratorio se crean pequeños mundos controlados donde se observa cómo interactúan determinados elementos; en el arte, especialmente desde la ficción especulativa o la práctica escénica, también se levantan mundos provisionales donde poner en juego relaciones, tensiones y preguntas. Nos ha interesado mucho ese punto de contacto: la posibilidad de “traicionar” la ciencia no para negarla, sino para desplazarla hacia el mito, la tragedia o la fábula, y desde ahí abrir otras formas de comprensión. Esa idea está en el núcleo de la propuesta pública del proyecto."
¿Cuál es ahora el siguiente paso?
¿Cuál es ahora el siguiente paso?
"Nos gustaría subrayar que esta investigación no se siente cerrada, sino más bien como el inicio de un recorrido largo. La residencia ha dejado un poso de continuidad, la intuición de que aquí hay una línea de trabajo fértil que todavía puede seguir desplegándose. Nos apetece continuar colaborando, profundizando en este cruce entre arte, ecología y narración, y seguir construyendo un dispositivo o producto cultural que pueda circular, transformarse en otros formatos y llegar a públicos diversos. También creemos que una de las potencias del proyecto está precisamente ahí: en que no se agota en una presentación puntual, sino que abre un campo de investigación y de mediación cultural que puede seguir creciendo y encontrando nuevas formas de existencia. La presentación pública en Hangar se planteó, de hecho, como una conferencia performativa compuesta por escenas simultáneas que simulan un ecosistema vivo, lo que refuerza esa vocación de obra abierta y expandible."
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR