04/02/2026 Noticia

Un artrópodo minúsculo y la investigación que ayudó a Europa a legislar la contaminación del suelo

Folsomia candida
Responsable de prensa

Ángela Justamante

Graduada en Biología y comunicadora científica, actualmente responsable de prensa del CREAF, también cuenta con experiencia en proyectos europeos y de divulgación científica.

Durante gran parte del siglo XX, el suelo fue invisible a ojos de la regulación ambiental. Se consideraba que era capaz de absorber, diluir o inactivar contaminantes sin que esto tuviera consecuencias. Fue a partir de los años ochenta cuando esta visión empezó a cambiar y el suelo pasó a entenderse como un sistema vivo que acumula contaminantes y puede transferirlos a las plantas, acuíferos, animales y, en última instancia, a las personas. Hoy en día no cabe duda de que la contaminación del suelo es un reto ambiental y de salud pública , hasta el punto de que ya existe legislación que obliga a eliminar contaminantes que se abocaron hace décadas, o, si no es posible, al menos a neutralizar su movilidad y toxicidad.

Con este cambio de mirada emergió una pregunta clave: ¿cómo podemos saber hasta qué punto un suelo está contaminado y si las medidas para limpiarlo funcionan realmente? La respuesta pasa, entre otras cosas, por observar pequeñas especies que viven en el suelo y que actúan como termómetros de su salud, como un tipo de artrópodo conocido como colémbolo, ácaros o un grupo de gusanos terrestres llamados enquitreidos. Estos hallazgos han tenido un impacto directo en la forma en que Europa regula hoy la contaminación, y en todo este proceso, la investigación del CREAF ha tenido un papel clave .

Una carrera de fondo

La trayectoria del investigador del CREAF Xavier Domene está precisamente ligada al estudio de estas cuestiones en el marco de la ecotoxicología. Su carrera arrancó en 2003 con un doctorado en este ámbito y, a partir de ahí, empezó a colaborar con grupos internacionales con un objetivo común: desarrollar nuevas metodologías estándar y nuevas especies modelo para saber hasta qué punto una sustancia es tóxica y qué efecto podría tener sobre todo el ecosistema edáfico -del suelo-.

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A principios de los años dos mil, todavía había un número reducido de ensayos biológicos estandarizados -también llamados tests ecotoxicológicos- que permitieran medir el efecto real de los contaminantes sobre el suelo, y menos aún para residuos de contaminación compleja.

Xavier Domene

Esto hacía que muchas evaluaciones de riesgo se basaran únicamente en análisis químicos, “un método insuficiente que no reflejaba los efectos reales sobre el medio”, explica Domene. Para llenar este vacío, después de años de investigación y colaboración internacional, la comunidad investigadora consiguió ampliar y mejorar el conjunto de tests ecotoxicológicos estandarizados.

Colémbolos, ácaros y otros organismos para medir la salud del suelo

Uno de los hitos clave en el CREAF para desarrollar estos nuevos tests ecotoxicológicos fue la investigación con fauna edáfica. En especial con colémbolos, pero también con ácaros y enquitreidos, organismos que a menudo no superan el milímetro de largo. Pese a ser diminutos, viven en contacto directo con el suelo y reaccionan rápidamente a la presencia de metales pesados, pesticidas, residuos industriales u otras sustancias tóxicas . Son muy sensibles, hasta el punto de que su capacidad de sobrevivir y reproducirse se ve afectada incluso a concentraciones muy bajas de contaminantes. "Esto los convierte en indicadores biológicos especialmente útiles", explica Domene.

Además, estos organismos forman parte de una compleja red de relaciones con otros seres vivos del suelo, desde los que se alimentan de microorganismos a depredadores. Esta conexión hace que actúen como verdaderos centinelas del ecosistema, “porque si ellos se ven afectados por la contaminación, sabemos que también afectará a otras especies clave de la red trófica ”, añade Domene.

Xavier Domene

Xavier Domene, investigador del CREAF, Cornell University (Ithaca, NY, USA) 2010. 

Foto de col·lèmbols

Foto de colémbolos que se utilizó para realizar el recuento final de individuos (adultos y juveniles) al final del test ecotoxicológico OECD 232.

Mostres sòl experiment

Muestras suelo experimento de ecotoxicología

Para llegar a estandarizar un test ecotoxicológico, el equipo también tuvo que demostrar que tanto la especie indicadora como la metodología funcionaban. Lo hicieron a través de los llamados ring tests, o pruebas interlaboratorio, en las que centros de muchos países aplican un mismo protocolo para verificar si obtienen resultados consistentes. Las especies estudiadas superaron con éxito estas pruebas, consolidándose como uno de los termómetros más fiables de la salud del suelo. Por ejemplo, estos test permiten evaluar el riesgo de un contaminante antes de que llegue al mercado o comprobar si los procesos de descontaminación de un terreno están dando buenos resultados.

Del laboratorio a la normativa

Pero la historia no termina ahí. Una vez que estos métodos se publicaron en informes y artículos científicos, fueron la base para tests estándar que crearon instituciones como la OECD o la ISO. Este paso facilitó su incorporación a la legislación europea. En concreto, el uso de colémbolos del género Folsomia como bioindicador de la contaminación del suelo, a raíz de un ring test con laboratorios de la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos, contribuyó al desarrollo del método OECD 232 en 2009, un protocolo internacional de ecotoxicología del suelo.

Posteriormente, este método se integró, junto con otros test con otras especies del suelo, en el estándar europeo EN 14735:2021, que permite determinar si un residuo es ecotóxico, y que “se utiliza tanto en Europa como en otros países como Uruguay y Colombia”, añade Domene. Además, en 2020, a raíz de otro ring test internacional, se estandarizó un test basado en el ácaro oribátido Orpia nitens (EN ISO 23266:2021), “aún no se ha incluido oficialmente en legislación por ser relativamente nuevo, pero tiene todo el potencial”, destaca Domene.

El uso de estos estándares es muy amplio. Gracias a estas herramientas, se pueden establecer límites legales para contaminantes o residuos, antes de que sean comercializados. Además de servir para regular, estos estándares también ayudan a evaluar la eficacia de los procesos de descontaminación.

Anabel Sánchez CREAF

Esta trayectoria muestra una vía de impacto de la investigación en la sociedad diferente a otras más habituales, ya que no se basa tanto en la interacción directa con actores políticos o sociales, sino en generar conocimiento científico-técnico sólido y relevante que acaba integrándose en estándares técnicos y, finalmente, en la legislación

Anabel Sánchez, responsable del área de impacto del CREAF

Aunque estos estándares ya están consolidados, según Domene la ecotoxicología del suelo afronta ahora nuevos retos. Uno de los principales es evaluar el efecto conjunto de distintos contaminantes presentes simultáneamente en el suelo, que pueden potenciar sus efectos tóxicos por separado. Además, se quieren estudiar materiales como los bioplásticos, ya que a pesar de presentarse como alternativas más sostenibles en términos de biodegradación, todavía requieren demostrar que no tienen efectos tóxicos sobre los ecosistemas. "Debemos conseguir medir el impacto sobre la naturaleza antes de empezar a utilizarlos de forma masiva, y los bioensayos tendrán un papel clave en este objetivo", concluye.

Referencias

  • OECD (2009). Test No. 232: Collembolan Reproduction Test in Soil. OECD Guidelines para el Test de Chemicals, Section 2. OECD Publishing, Paris. https://doi.org/10.1787/9789264076273-en
  • EN 14735:2021. Characterization of waste - Preparación of waste samples para ecotoxicity tests. European Committee for Standardization (CEN), Bruselas, Belgium.
  • EN ISO 23266:2021. Soil quality - Test para evaluar la inhibición de reproducción en oribatos mitos (Oppia nitens) expuestos a contaminantes in soil. European Committee for Standardization (CEN), Bruselas, Belgium. (ISO 23266:2020)