Pero la historia no termina ahí. Una vez que estos métodos se publicaron en informes y artículos científicos, fueron la base para tests estándar que crearon instituciones como la OECD o la ISO. Este paso facilitó su incorporación a la legislación europea. En concreto, el uso de colémbolos del género Folsomia como bioindicador de la contaminación del suelo, a raíz de un ring test con laboratorios de la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos, contribuyó al desarrollo del método OECD 232 en 2009, un protocolo internacional de ecotoxicología del suelo.
Posteriormente, este método se integró, junto con otros test con otras especies del suelo, en el estándar europeo EN 14735:2021, que permite determinar si un residuo es ecotóxico, y que “se utiliza tanto en Europa como en otros países como Uruguay y Colombia”, añade Domene. Además, en 2020, a raíz de otro ring test internacional, se estandarizó un test basado en el ácaro oribátido Orpia nitens (EN ISO 23266:2021), “aún no se ha incluido oficialmente en legislación por ser relativamente nuevo, pero tiene todo el potencial”, destaca Domene.
El uso de estos estándares es muy amplio. Gracias a estas herramientas, se pueden establecer límites legales para contaminantes o residuos, antes de que sean comercializados. Además de servir para regular, estos estándares también ayudan a evaluar la eficacia de los procesos de descontaminación.