23/02/2026 Opinión

Tres continentes, tres historias: la memoria climática escondida en los bosques

Investigador/a postdoctoral

Josep Padullés Cubino

Me doctoré en Ciencias Experimentales y Sostenibilidad por la Universidad de Girona (2015). También soy licenciado en Geografía (2011) y Ciencias Ambientales (2008) por la Universidad de Girona.

A primera vista, un bosque caducifolio europeo y un bosque caducifolio japonés pueden parecer muy parecidos: troncos rectos, hojas anchas que caen en otoño, y una explosión de herbáceas en primavera. Lo mismo ocurre si se comparan con los bosques del este de Norteamérica. Todos ellos forman parte del mismo gran bioma del planeta: los bosques templados caducifolios del hemisferio norte.

Sin embargo, bajo esta apariencia compartida se esconden diferencias profundas. No sólo en las especies que viven en ella, sino en su historia evolutiva. Lo que hoy parece un mismo tipo de ecosistema es en realidad el resultado de trayectorias climáticas radicalmente distintas. Los bosques no sólo reflejan el clima actual: reflejan sobre todo el pasado.

Un mismo origen, tres mundos distintos

Hace decenas de millones de años, los bosques templados caducifolios formaban un gran cinturón continuo en el hemisferio norte. Eurasia y Norteamérica estaban conectadas por puentes terrestres y las plantas podían dispersarse sin grandes obstáculos. Pero esa continuidad se rompió.

La formación de grandes cordilleras, la apertura de océanos y sobre todo las glaciaciones del Pleistoceno fragmentaron aquel bosque ancestral. Las poblaciones se aislaron durante milenios, se extinguieron o diferenciaron. El resultado es el que hoy se ve: tres grandes regiones: este de Asia, Europa y este de Norteamérica, con ecosistemas aparentemente equivalentes pero con historias evolutivas muy distintas.

Para entender hasta qué punto esta historia sigue presente, analizamos cerca de 10.000 inventarios de vegetación forestal de todo el hemisferio norte. El objetivo no era sólo comparar especies, sino reconstruir la huella evolutiva y climática que todavía conservan las comunidades vegetales actuales.

Asia oriental: un refugio de diversidad arbórea

El primer resultado es conocido en botánica pero raramente cuantificado a nivel global: los bosques del este de Asia son extraordinariamente ricos en árboles y arbustos.

La causa principal es histórica. Durante las glaciaciones, gran parte de Europa y Norteamérica quedó cubierta de hielo o sometida a climas muy secos y fríos. En cambio, en Asia oriental existieron grandes zonas relativamente estables donde muchas especies pudieron persistir. Estas regiones actuaron como refugios climáticos durante milenios.

Esto permitió la supervivencia de linajes muy antiguos, algunos sin parientes cercanos actuales, y también su diversificación posterior. Por eso estos bosques no sólo son ricos en especies: conservan una parte importante de la historia evolutiva del bioma.

Europa: pobre en árboles, rica en herbáceas

Europa presenta su patrón contrario. Tiene menos diversidad de árboles, pero sorprendentemente mayor diversidad de herbáceas forestales.
Durante las glaciaciones, la combinación de hielo en el norte y cordilleras orientadas este-oeste en el sur dificultó enormemente la migración de las plantas. Muchas especies arbóreas se extinguieron y no pudieron recolonizar al continente tras el retroceso del hielo.

Las plantas herbáceas, en cambio, respondieron distinto. Tienen ciclos de vida más cortos, dispersión más rápida y pueden colonizarse con facilidad espacios abiertos. Después de las glaciaciones se expandieron rápidamente y hoy dominan buena parte de la diversidad forestal europea.

El resultado es un bosque estructuralmente similar a los demás continentes, pero evolutivamente empobrecido en el componente arbustivo y arbóreo.

Norteamérica: el continente evolutivamente singular

El caso más inesperado aparece cuando no se cuentan especias sino historia evolutiva. Los bosques estadounidenses presentan el mayor grado de singularidad evolutiva.

Esto significa que muchas de las especies que viven en ella tienen pocos parientes cercanos: representan ramas aisladas del árbol evolutivo. La razón es probablemente una combinación de factores. Las glaciaciones eliminaron especies en grandes zonas, pero otras sobrevivieron en refugios meridionales extensos, como los Apalaches, y después se expandieron. Además, la presencia de grandes gradientes latitudinales y cordilleras orientadas norte-sur facilitó movimientos migratorios y procesos de diferenciación.

El resultado no es simplemente una riqueza intermedia: es un conjunto de ecosistemas con identidad evolutiva propia.

No todos los climas filtran igual

La relación entre clima y biodiversidad también cambia en función del continente. No existe una única regla universal.

En Asia oriental, la variabilidad de las precipitaciones es el factor más determinante: cuanto más estacional es la sequía, menos linajes antiguos persisten. En Europa, el factor clave es la variabilidad térmica anual. En Norteamérica, las comunidades más singulares aparecen en zonas climáticamente más estables.

Esto indica que la biodiversidad actual no sólo responde al clima presente sino a la combinación entre clima actual e historia climática.

Los ecosistemas tienen memoria

El mensaje principal es sencillo pero profundo: los ecosistemas son archivos históricos. Cuando se compara un bosque europeo con un asiático, no se están comparando sólo dos comunidades ecológicas. Se están comparando millones de años de extinciones, refugios, migraciones y estabilidad ambiental. La biodiversidad actual es, en gran medida, el resultado de esta memoria. Esto ayuda a entender por qué ecosistemas con condiciones climáticas similares pueden tener diversidades tan distintas. También explica por qué la respuesta al cambio climático no será igual en todas partes: cada región parte de un pasado distinto.

Implicaciones en un mundo cambiante

En el contexto actual de cambio climático, esta perspectiva es especialmente relevante. Si la biodiversidad depende en gran medida de la historia climática, la capacidad de resistencia de los ecosistemas tampoco será homogénea. Las regiones que en el pasado han funcionado como refugios pueden volver a hacerlo. Otros pueden sufrir pérdidas desproporcionadas porque ya perdieron gran parte de su patrimonio evolutivo. Esto implica que conservar biodiversidad no es sólo preservar especies o hábitats, sino también preservar trayectorias evolutivas. Dos bosques con igual número de especies pueden representar cantidades muy diferentes de historia natural.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

Trees with green and pink leaves against a blue sky.

Los árboles con hojas finas y raíces poderosas ganan terreno en España frente al cambio climático

Mirar el presente con ojos del pasado

Los bosques templados caducifolios parecen a simple vista ecosistemas repetidos a escala planetaria. Pero en realidad son tres versiones de una misma historia interrumpida. Asia conserva el pasado lejano. Europa muestra las cicatrices de las glaciaciones. Norteamérica mantiene una identidad evolutiva propia. La biodiversidad no es sólo un patrón espacial: es una memoria temporal. Y comprender esa memoria es esencial para interpretar el presente, y sobre todo para anticipar el futuro.
 

Artículo fuente: Loidi, J., Padullés Cubino, J., Fernández-Pascual, E., Jiménez-Alfaro, B., Marcenò, C., Biurrun, I., Campos, JA, Chytrý, M., Gholizadeh, H., Indreica, A., Kavgaci, A., Naqinezhad, A., Novák, P., Peet, RK, … You, H. (2025). Biogeography and evolutionary patterns of temperate deciduous forests in the Northern Hemisphere. Ecography, e08028. https://doi.org/10.1002/ecog.08028