En su día a día en el laboratorio, Kate Johnson investiga cómo responden las plantas ante climas extremos, como las sequías o las heladas. Para ello, utiliza técnicas de imagen a nivel microscópico, como cámaras de imagen por cavitación y rayos X. Marc Busuldu, por su parte, aspira a mejorar los algoritmos que permiten estimar el estado hídrico de los bosques a partir de imágenes de teledetección, como las captadas por satélites o drones. Por ahora, pasa horas en el laboratorio estudiando cómo reaccionan diferentes hojas al exponerlas a pulsos electromagnéticos, en función de la proporción de tejido, agua y aire de cada una. Ambos trabajan a escalas diferentes, pero comparten una misma filosofía: evitar, en la medida de lo posible, dañar la planta que estudian.
La búsqueda de artistas con una sensibilidad similar ante la observación del mundo vegetal durante el proceso de curadoría desembocó en María Castellanos y Alberto Valverde. Llevan trabajando juntos desde 2009, especialmente en procesos de investigación artística donde interaccionan con científicos. Mientras que María es doctora en Bellas Artes, Alberto es también tecnólogo y trabaja con modelos matemáticos y de predicción.
“Lo que más nos ilusiona de esta residencia es construir conocimiento desde un diálogo entre arte y ciencia. Nos interesa que el intercambio sea recíproco: que la investigación científica inspire y transforme nuestra práctica artística, pero que el proceso artístico también aporte nuevas perspectivas a la investigación científica. Esperamos que este encuentro genere nuevas preguntas y abra caminos de exploración.”