El estudio se lleva a cabo en dos bosques europeos que funcionan como living labs desde hace 15 años: uno en Cansiglio, en el norte de Italia, y el otro en Prades, en España. Estos espacios permiten analizar cómo responden los ecosistemas forestales a cambios ambientales en condiciones reales. Además, ambos representan escenarios contrastados: Cansiglio es un hayedo que recibe mucha cantidad de nitrógeno procedente de la atmósfera, mientras que Prades, un encinar mediterráneo, se caracteriza por una limitación de este nutriente.
En ambos casos, el equipo comparará parcelas con posible exceso de nitrógeno con otros sin, con el objetivo de caracterizar el estado del suelo forestal. Principalmente, se quiere analizar los cambios en las relaciones entre las raíces de las plantas, los microorganismos del suelo y los invertebrados de la capa superior, y cómo estas interacciones influyen en la captación y acumulación de carbono en los sistemas forestales. Aunque existen limitaciones en la comparativa entre los dos modelos de bosques, un punto fuerte del proyecto es trabajar con experimentos de larga duración. "La ventaja es que podemos analizar la dinámica del suelo a medio plazo en ecosistemas que han sido sometidos a estrés durante años", explica la investigadora.
Los resultados obtenidos quieren aportar conocimiento sobre el funcionamiento de los suelos forestales y qué papel puede desempeñar el cambio climático en todos estos procesos. A su vez, podrían servir de base para orientar las políticas de gestión dentro del contexto climático actual.
El proyecto se inició el pasado 2025 y acabará en 2028. Participa el CREAF, la Universidad de Bolonia y la Universidad de Barcelona y está liderado por Àngela Ribas, del CREAF. Es un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.