11/05/2026 Noticia

Un estudio revela que los microorganismos del suelo se adaptan a la falta de fósforo y hacen replantear el uso de fertilizantes

Planeses. Galdric Mossoll

El fósforo es un nutriente esencial para el crecimiento vegetal y uno de los fertilizantes más utilizados en agricultura, pero también es un recurso escaso y limitado. Depende de reservas finitas en el suelo y en rocas fosfatadas y son los microorganismos los encargados de transformarlo para que puedan utilizarlo las plantas. Ahora, un nuevo artículo de revisión publicado en Nature Reviews Microbiology y liderado por el CREAF y el CSIC recoge todo el conocimiento actual sobre el ciclo de este elemento y propone una nueva teoría que sugiere que bacterias, hongos y arqueas son capaces de evolucionar cuando no hay suficiente fósforo y, paradójicamente, liberar más fósforo. De cara a la agricultura, esto implica que no es suficiente añadir fertilizantes a los cultivos, sino que hay que tener en cuenta el tipo de microbioma del suelo .

Según Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el CREAF y autor principal, el trabajo constata que el microbioma de los suelos agrícolas se ha 'acomodado' tras décadas de exceso de fertilización, mientras que en entornos más pobres en nutrientes ha desarrollado mecanismos más eficientes para movilizar al fósforo . Por ejemplo, produce más fosfatasas -unas "tijeras" químicas que liberan el fósforo atrapado en la materia orgánica- o lo almacena para anticipar períodos de escasez.

Esta nueva visión permitiría pasar de una fertilización química directa a una biológica. En lugar de saturar el suelo con fosfatos minerales, de los cuales las plantas sólo aprovechan una pequeña parte, podrían diseñarse biofertilizantes que combinen bacterias solubilizadoras y hongos micorrízicos

Josep Peñuelas

Estos 'cócteles de vida' actuarían como gestores del nutriente , liberando el fósforo que ya está presente en el suelo de forma natural, pero que actualmente se encuentra bloqueado. Esto no sólo ahorraría costes a los agricultores, sino que evitaría la contaminación de acuíferos.

El estudio también destaca que con este nuevo hallazgo deberían actualizarse los modelos de mitigación del cambio climático, porque el ciclo del fósforo es primordial para que las plantas absorban CO₂ y lo transformen en biomasa. Si los microorganismos del suelo no liberan lo suficiente, actúan como un cuello de botella que limita la capacidad de los ecosistemas para absorber carbono y, por tanto, para mitigar el cambio climático.

Una red invisible bajo tierra

El trabajo de revisión también profundiza en cómo funciona la relación planta-microorganismos. Estos seres vivos invisibles en el ojo humano actúan como un banco y regulan constantemente el acceso al fósforo por parte de las plantas. ¿Cómo lo hacen? Transforman el fósforo en formas que pueden asimilar las plantas mediante procesos como la mineralización —que libera fosfato a partir de materia orgánica—, o lo hacen más soluble para que las raíces lo absorban.

Sin embargo, esta relación no siempre es cooperativa: los microorganismos también pueden retener parte del fósforo para su propio crecimiento. Por eso, la disponibilidad final de fósforo para las plantas depende del equilibrio entre los microorganismos que lo movilizan y los que lo retienen

Jordi Sardans

Además, muchas plantas dependen de alianzas con hongos micorrízicos, que amplían el alcance de las raíces y las ayudan a captar nutrientes. Esta relación, fruto de millones de años de evolución, permite acceder a fuentes de fósforo que de otra forma serían inaccesibles. A cambio, las plantas aportan carbono y otros nutrientes a los microorganismos, "en una relación de simbiosis", explica Sardans.

“Con este estudio damos un paso adelante para entender el ciclo del fósforo y abrimos la puerta a estrategias más sostenibles para producir alimentos, mejorar los modelos climáticos y preservar el funcionamiento de los ecosistemas”, concluye Peñuelas.

Artículo de referencia: Peñuelas, J., Zheng, B., Tariq, A., Sardans, J. Microbial phosphorus cycling in terrestrial ecosystems. Nature Rev Microbiol (2026). https://doi.org/10.1038/s41579-026-01296-w