La mayoría de los incendios se concentran en lo que se conoce como el ‘arco de la deforestación’, la zona del sur de la Amazonia donde la tala y el uso del fuego para convertir el bosque en tierras agrícolas se intensifican durante la estación seca. Según los resultados, con el viento, el humo viaja miles de kilómetros desde esta región hasta el interior de la selva intacta. Los aerosoles que contiene el humo, que entre otros compuestos incluyen fósforo, se depositan sobre el bosque tanto a través de la lluvia y las cenizas que cubren el suelo, y son absorbidos por las raíces y las hojas.
Según los investigadores, esto no significa en absoluto que el aumento de incendios sea ‘bueno’. Pero sí muestra hasta qué punto los ecosistemas están fuertemente interconectados, incluso a través de la contaminación atmosférica, ya que, mientras que los incendios liberan grandes cantidades de carbono a escala local, el humo puede aumentar la capacidad de bosques situados a cientos o miles de kilómetros de distancia de absorber CO₂.
“Estos resultados son cruciales para mejorar los modelos climáticos. Si queremos predecir con precisión cómo los bosques tropicales frenarán el calentamiento global, debemos tener en cuenta factores invisibles como el transporte de nutrientes a través del humo”, concluye Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el CREAF y también coautor del estudio.
El artículo lo ha liderado Adrià Descals gracias a la Beca Leonardo otorgada por la Fundación BBVA; también lo firma Ivan Janssens, investigador de la Universidad de Amberes y codirector de su tesis, junto con Josep Peñuelas.