En BioAgora trabajamos para crear este punto de diálogo y colaboración entre investigación y la toma de decisiones a nivel europeo con el objetivo de mejorar la toma de decisiones que afectan a la biodiversidad
Conseguir los objetivos de detener el declive de la biodiversado y mejorar su estado, como el conocido Marco Mundial por la biodiversidad Kunmin-Montreal, firmado en 2022 por 196 países, implica obtener datos que nos permitan responder a algunas preguntas como: ¿Cómo poder conservar el 30% del área terrestre, y marina? ¿Dónde y cómo hacer restauración de los hábiados dañados? ¿De qué especies tenemos datos para saber si mejora su situación respecto a años anteriores?
Para ello, se necesitan datos, a menudo obtenidos a través de programas de seguimiento de especies como el CBMS de mariposas o Ratpenats.cat, que proporcionan información clave sobre el estado de las poblaciones y los hábitats a lo largo del tiempo. En teoría, cuanto más información se dispone, más cuidadosas deberían ser las decisiones. Sin embargo, cada vez es más evidente que el reto no es sólo generar datos, sino saber cómo se interpretan, integran y transforman en conocimiento útil para informar a las políticas públicas.
En este contexto nace el proyecto europeo BioAgora, que trabaja para reforzar la conexión entre la ciencia y las políticas públicas de biodiversidad . El proyecto está desarrollando el futuro Science Service for Biodiversity a nivel europeo, con el objetivo de mejorar el diseño y la aplicación de políticas relacionadas con la biodiversidad.
En el CREAF, esta labor la lidera el equipo de investigación Ecoland, coordinado por Lluís Brotons, investigador del CSIC en el CREAF. El equipo lleva 3 años trabajando en el proyecto BioAgora con el objetivo de crear y movilizar una red de personas expertas que respondan a preguntas concretas que tenga la Comisión Europea sobre biodiversidad. Esta red funcionará como una plataforma online donde personas expertas intercambiarán conocimiento proveniente de la investigación para responder a preguntas que haya en la Comisión para poder mejorar políticas, por ejemplo en mejoras en la elaboración de informes de la Directiva Hábitats y Pájaros.
Una de las personas que participa en esta movilización de conocimiento es Maria Blasi, investigadora del CREAF, que forma parte del equipo de BioAgora implicado en la creación y dinamización de esta red europea de personas expertas en la temática de seguimientos de biodiversidad ( Monitoring Expert Knowledge Network (KEN) ) para apoyar las necesidades de la Comisión Europea.
Maria Blasi presentando la Monitoring KEN en la conferencia Living Data25
Ahora bien, si tener toda la información ya es un gran reto que moviliza a cientos o miles de voluntarios en todo el mundo, y una cantidad de investigación científica que no es digerible para quienes toman las decisiones, hay todavía una serie de problemas que dificultan la tarea de informar buenas políticas:
Las especies olvidadas
Hay grupos de especies, como las aves o mamíferos, o incluso de hábitats, que están mucho más estudiados ya sea por precedente histórico, por legislación, por facilidad a la hora de muestrear o porque hay más personas expertas que las estudian. En cambio, existen organismos de los que todavía nos falta mucha información. Son especies que o bien no son tan carismáticas, se encuentran en zonas de difícil acceso o en lugares donde no hay dinero que muestrear. Hablamos por ejemplo de los líquenes, algunos insectos, zooplancton y las plagas de los cultivos.
Los líquenes son unos de los grupos con menos seguimientos. Foto: Galdric Mossoll
Cuando hay maneras muy diferentes de realizar seguimientos
Cuando los seguimientos no se realizan de forma estandarizada ocurre que, aunque se sigan las mismas especies o hábitats, los métodos utilizados pueden variar mucho en función del proyecto, el país o incluso el equipo que los lleva a cabo: diferencias en la frecuencia de muestreo, en los protocolos de campo, en las herramientas utilizadas o en la forma de analizar los datos.
Esta falta de estandarización hace que sea muy difícil comparar datos en el tiempo o entre territorios , y limita la posibilidad de integrarlos a escalas mayores, como la europea. En consecuencia, datos que individualmente son muy valiosos pierden parte de su potencial cuando se quieren utilizar para realizar seguimientos globales o para informar políticas públicas.
Datos que se esconden
Por último, también es muy difícil procesar ingentes cantidades de datos. Por ejemplo, en seguimientos de bioacústica, donde las grabadoras pueden estar toda la noche grabando sonidos, la tarea de analizar y procesar esta información puede ocupar mucho tiempo. Lo mismo ocurre con las cámaras de fototrampeo, que normalmente se dejan por períodos más o menos largos en el campo y generas cientos o miles de imágenes que después deben mirarse una a una para procesarlas. Incluso con muestras de ADN, donde las particularidades del análisis en el laboratorio puede hacer que el proceso sea bastante lento.
Además, todavía existen muchísimos datos que se encuentran de forma dispersa entre diferentes organizaciones y otros que se acumulan o se encuentran escondidos en colecciones de museos que no están registradas en las bases de datos.
Compartir y coordinarnos
En este contexto de limitaciones con los datos de biodiversidad, los espacios de intercambio y coordinación a nivel europeo son clave para avanzar hacia un seguimiento de la biodiversidad más integrado y útil para la toma de decisiones.
Un ejemplo es la Biodiversity Monitoring Week (BioMonWeek 2026) , que tendrá lugar en Montpellier en mayo de 2026 y que se está organizando desde BioAgora conjuntamente con otros socios. El encuentro reunirá a personas investigadoras, administraciones y otros actores clave para compartir metodologías, datos y experiencias en monitorización de la biodiversidad, contribuyendo así a superar algunos de los retos descritos en este artículo.
Más información: https://www.biomonweek.eu/