Este fenómeno se explica, en parte, porque las especies como los robles o las encinas, tienen una madera más densa con hojas gruesas y raíces fuertes, así que crecen lentamente y necesitan más tiempo para establecerse. En contraposición, las especies oportunistas o colonizadoras actúan como “velocistas”, por ejemplo, los pinos crecen mucho más rápido porque tienen madera menos densa y hojas más ligeras, arraigan con facilidad y ocupan los espacios libres después de una perturbación como un incendio.
“Además, como crecen más rápido, esta expansión la ha favorecido la actividad humana, por ejemplo, repoblando zonas quemadas con pinos o promoviendo plantaciones de eucaliptos para la producción de madera”, añade Peñuelas. El investigador también aclara que “esto no quiere decir que los pinos sean malos per se, el problema es favorecerlos donde no toca”.