Nuestros resultados indican que la estructura del bosque explica la mayor parte de los cambios en el ciclo del agua de estos últimos 30 años, más incluso que el propio cambio climático.
Los bosques españoles de la Península tienen hoy más árboles, más hojas y más arbustos que hace tres décadas. Este cambio ha provocado que actualmente los bosques utilicen cerca de un 20% más de agua que en los años noventa. Un estudio publicado en Journal of Environmental Management, liderado por el CREAF, concluye que este incremento ha modificado profundamente el ciclo del agua en los ecosistemas naturales y refuerza la necesidad de ayudar a los bosques a afrontar un futuro con menos agua disponible. Para ello, los investigadores instan a promover una mayor gestión forestal, pero orientada a garantizar el agua para el bosque, mediante técnicas como la silvicultura de cubierta continua, es decir, manteniendo siempre una elevada cobertura arbórea.
Para llegar a esta conclusión, el equipo ha empleado el modelo MEDFATE, un modelo ecohidrológico que permite separar los distintos componentes del ciclo del agua en los bosques de la España peninsular durante 30 años. Para ello se basó en la información forestal obtenida en 11.456 parcelas forestales muestreadas repetidamente en tres inventarios forestales nacionales realizados entre 1986-1996, 1997-2008 y 2009-2024.
Los resultados apuntan a que la vegetación de los bosques españoles no ha dejado de crecer, principalmente debido al abandono rural y a la falta de gestión. Esto ha provocado que no solo utilicen cada vez más agua, sino que, como consecuencia, durante ese mismo período, la cantidad de agua que llega a ríos y acuíferos tras caer sobre el bosque haya disminuido un 28%. Cuando llueve en un bosque, una parte del agua se infiltra y alimenta ríos, embalses y acuíferos (agua azul), mientras que otra parte es captada por árboles y arbustos y vuelve a la atmósfera a través de la evapotranspiración de las hojas (agua verde).
"Los bosques se han densificado mucho durante las últimas décadas; ahora tienen más hojas que antes, y este hecho ha cambiado la forma en que circula el agua dentro de los ecosistemas", explica Jesús Sánchez-Dávila, investigador del CREAF, primer autor del estudio.
Los arbustos cuentan mucho
Aunque en muchas zonas han crecido tanto los árboles como el sotobosque, los investigadores atribuyen este cambio sobre todo al aumento de los arbustos, ya que en los bosques donde son muy abundantes su contribución a la evapotranspiración supera la de los árboles.
"Cuando pensamos en el agua que utiliza un bosque solemos pensar en los árboles, pero los arbustos también consumen una cantidad importante de agua. De hecho, parte de la transformación que han experimentado los bosques en los últimos años ha sido el importante crecimiento del sotobosque, provocado por el retroceso de la ganadería extensiva y por la falta de gestión forestal", explica Jordi Vayreda.
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
¡El agua no es sólo azul! ¿Qué es el agua verde y qué relación tiene con la gestión forestal?
Los autores subrayan que esto no significa que los arbustos sean un problema. El sotobosque protege el suelo, da refugio a muchas especies y forma parte de los ecosistemas mediterráneos. Sin embargo, es necesario comprender qué papel desempeña cuando el agua escasea y cada vez hay más vegetación compitiendo por cada gota. Mantener el sotobosque bajo control, pero preservando sus funciones clave, será imprescindible en la gestión forestal del futuro.
Más que buscar agua para los ríos, hay que garantizar agua para los bosques
Los investigadores remarcan que los resultados no deben interpretarse como una invitación a reducir los bosques para aumentar los caudales de los ríos o llenar embalses. En la mayor parte del territorio español, el agua ya es un recurso limitado, y pretender talar bosques para disponer de más agua es un objetivo que debe compatibilizarse con muchas otras funciones y servicios ecosistémicos.
Cuando se talan árboles o se reduce la densidad de un bosque en una zona mediterránea árida —como ocurre en gran parte del territorio español—, la vegetación restante aprovecha rápidamente el agua disponible porque ya sufría un déficit hídrico crónico. Esto permite que los árboles dispongan de más recursos y soporten mejor las sequías, pero a menudo no se traduce en un aumento significativo del agua que llega a los ríos.
Según los autores, solo en zonas más húmedas o tras intervenciones muy intensas (por ejemplo, transformando un bosque en un pastizal) pueden observarse incrementos claros del agua que llega a los cursos fluviales. Aun así, estos efectos suelen durar poco, porque una vez cortados, los arbustos y los árboles vuelven a crecer, recuperan rápidamente sus hojas y vuelven a captar una gran parte del agua disponible. Por ello, estas actuaciones requerirían un mantenimiento constante y costoso para controlar ese crecimiento.
Gestión forestal para un futuro con menos agua
Las proyecciones climáticas indican que las sequías serán más frecuentes y más intensas en la región mediterránea. Esto significa que los bosques dispondrán cada vez de menos agua y que ésta deberá sostener ecosistemas que hoy acumulan más biomasa que en el pasado.
Por ello, los investigadores defienden la necesidad de centrar la atención en la gestión forestal y señalan que modelos como la silvicultura de cubierta continua pueden ayudar a alcanzar este objetivo. Este tipo de gestión mantiene una cubierta arbórea permanente y evita abrir grandes claros en el bosque. De este modo, se limita la entrada masiva de luz al suelo y se reduce el crecimiento explosivo de los arbustos que suele seguir a las talas más intensas.