Los árboles cuentan con un sistema circulatorio, el xilema, formado por miles de conductos microscópicos. Cuando las hojas traspiran, se genera una tensión que la hace ascender desde las raíces, de forma parecida a cuando bebemos con una pajita
El Kapur (Dryobalanops lanceolata) o el White Seraya (Parashorea malaanonan) son dos de los árboles más altos del mundo. Pueden superar los 70 metros y habitan la selva tropical de Asia. Ante el aumento de la frecuencia y la severidad de las sequías, la comunidad científica se pregunta si estos gigantes pueden estar en riesgo. El sentido común nos dice que tiene que ser muy difícil transportar agua a 70 metros de altura, y que la sequía es una amenaza para su sistema hidráulico. Sin embargo, hoy se publica una nueva investigación en Science que revela que, al contrario de lo que se pensaba hasta ahora, no tienen dificultades para transportar agua hasta sus ramas más elevadas y, esta capacidad, los hace igual de resistentes a las sequías que los ejemplares más bajitos de las mismas especies.
Según el equipo, esto es una buena noticia porque el 1% de los árboles más altos almacena más de la mitad del carbono acumulado en la vegetación de los bosques tropicales y porque da información clave sobre cómo la altura de los árboles influye durante episodios de sequía. El estudio lo han liderado los investigadores de la Universidad de Exeter, Lucy Rowland y Paulo Bittencourt, también investigador de la Universidad de Cardiff, y han participado diversas entidades, entre ellas el CREAF.
Hasta ahora se creía que los árboles más altos no eran tan eficientes transportando el agua a las ramas más altas y que, por ello, eran más vulnerables a las sequías que sus homólogos más bajitos, pero los resultados cuestionan esta teoría científica.
El secreto está en cómo adaptan los conductos y las hojas
En los árboles más altos, las ‘tuberías’ por las que circula el agua se van ensanchando a medida que descienden desde la copa hasta la base del tronco, de manera que puede circular el líquido con más facilidad. Además, sus hojas tardan más en deshidratarse y pueden esperar más tiempo a que el agua llegue, “lo consiguen modificando la concentración de compuestos disueltos en sus células, como sales y azúcares, para retener más agua”, explica Mencuccini. Este mecanismo es muy útil cuando hay sequía, porque pueden hacer la fotosíntesis durante más tiempo antes de que aparezcan los efectos.
Un árbol dipterocárpico de 57 metros de altura equipado con un sistema de doble cuerda (DRT) para acceder a la copa. Foto: Palasiah Jotan.
Para llevar a cabo el estudio, el equipo ha analizado 38 árboles de 5 especies de árboles típicos de la selva tropical del Borneo malasio y pertenecientes a la a la familia de las dipterocarpáceas. El rango de altura variaba entre 7 y 71 metros. Los investigadores evaluaron diversas características relacionadas con el transporte de agua y la tolerancia a la sequía. Además, estudiaron las tasas de crecimiento de los troncos antes, durante y después del episodio de sequía asociado al fenómeno de El Niño de 2023-2024. “Al comparar los árboles más bajos con los más altos, comprobamos que ambos grupos respondieron de forma muy similar a la sequía, independientemente de su altura”, añade Menccucini.
Una auténtica reserva de carbono
Los árboles gigantes son escasos, pero esenciales. Por un lado, acogen una gran biodiversidad entre sus ramas y también tienen un papel importante en la regulación del clima global, ya que, al ser tan grandes, acumulan una gran cantidad de carbono en su estructura -tronco, ramas y hojas-. “Si mueren dejan de almacenar carbono y parte del CO₂ retenido en su madera acaba volviendo a la atmósfera”, aclara el investigador.
La capacidad de resistencia que refleja el estudio sugiere que el riesgo de muerte por sequía de los árboles de mayor tamaño podría estar sobreestimado, ya que no tiene en cuenta su capacidad para compensar los efectos de la altura mediante adaptaciones hidráulicas. “Así que estos resultados podrían contribuir a mejorar las predicciones sobre cómo responderán los bosques tropicales a las sequías futuras”, explica el investigador.
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Las estrategias que se han identificado en estos árboles gigantes podrían ser comunes en otras especies de árboles que alcanzan mucha altura, incluidos los bosques mediterráneos. “Aunque todavía no está claro si las hojas funcionan igual, tendremos que ampliar la investigación con más tipos de bosques”, finaliza Mencuccini.
El equipo de investigación incluyó al Departamento Forestal de Sabah (Malasia), el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido y la Universidad de Aberdeen, además de instituciones de la República Checa, España, Brasil y Estados Unidos. El estudio fue financiado por el Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (Natural Environment Research Council) de Gran Bretaña.