Esta dinámica tiene consecuencias graves: no solo incrementa el riesgo de incendios forestales, sino que también compromete la capacidad de nuestros bosques para almacenar carbono a largo plazo, un factor clave en la lucha contra el cambio climático
Los árboles desempeñan un papel central en la vida en la Tierra: almacenan CO₂, proporcionan hábitats para animales, hongos e insectos, estabilizan los suelos, regulan los ciclos del agua y suministran recursos de los que dependen los seres humanos, desde madera y alimentos hasta espacios de recreo y sombra en los días calurosos. Pero los bosques del mundo están entrando en una nueva era, caracterizada por la homogeneización, la pérdida de biodiversidad y el debilitamiento de los ecosistemas. Así lo demuestra un amplio estudio internacional publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature Plants. En concreto, los investigadores analizaron más de 31.000 especies de árboles en todo el mundo y ofrecen una visión global de cómo es probable que cambien los bosques en términos de composición, resiliencia y funcionamiento ecológico.
Según el estudio, los bosques estarán cada vez más dominados por tipos de árboles crecimiento rápido, mientras que las especies de crecimiento lento y más especializadas corren el riesgo de desaparecer. Además, destacan que la homogeneización de los bosques afecta con especial dureza a las regiones tropicales y subtropicales, donde se concentrará el aumento futuro del riesgo para las especies.
“Hablamos de especies altamente únicas, especialmente concentradas en regiones tropicales y subtropicales, donde la biodiversidad es alta y los ecosistemas están estrechamente interconectados. Cuando las especies autóctonas especializadas desaparecen, dejan vacíos en los ecosistemas que las especies invasoras rara vez logran llenar, incluso si son de rápido crecimiento y alta dispersión”, afirma Jens-Christian Svenning, profesor y director del Centro de Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (ECONOVO) de la Fundación Nacional Danesa de Investigación, en el Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus, y uno de los principales autores del estudio.
La columna vertebral de los bosques está en peligro
Las especies más amenazadas suelen ser las especialistas de crecimiento lento. Se trata de árboles con hojas gruesas, madera densa y larga vida, asociados a entornos estables, especialmente en bosques tropicales y subtropicales húmedos. “Forman la columna vertebral de los ecosistemas forestales y contribuyen a la estabilidad, al almacenamiento de carbono y a la resiliencia frente al cambio”, señala Svenning.
Si continúan las tendencias actuales de cambio climático y explotación forestal, los bosques estarán cada vez más dominados por los “velocistas” de la naturaleza: árboles con hojas ligeras y baja densidad de madera que permiten un crecimiento rápido a corto plazo. Entre ellos se incluyen varias especies de acacia, eucalipto, álamo y pino. “Aunque estas especies se establecen y crecen bien, son más vulnerables a la sequía, las tormentas, las plagas y los choques climáticos. Esto hace que los bosques sean menos estables y menos eficaces para almacenar carbono a largo plazo”, explica Svenning.
El estudio también muestra que casi el 41 % de las llamadas especies arbóreas naturalizadas -especies que no son originarias de una zona, pero que ahora crecen allí de forma silvestre- poseen características como crecimiento rápido y hojas pequeñas. Esto las hace adecuadas para entornos alterados, pero rara vez desempeñan las mismas funciones ecológicas que las especies nativas.
Los bosques de la Península Ibérica debilitados
La situación forestal en la Península Ibérica es coherente con las conclusiones de este estudio global. El aumento del estrés hídrico, la intensificación de las sequías y la proliferación de plagas y patógenos están debilitando muchas formaciones forestales autóctonas y dificultando su regeneración natural.
En este contexto, las especies con alta capacidad colonizadora, incluidas las especies exóticas invasoras como el ailanto, y las formaciones dominadas por especies oportunistas favorecidas por la gestión forestal, como algunos pinos o las plantaciones de eucaliptos, tienden a expandirse en ambientes perturbados o degradados, alterando la composición y la resiliencia de los ecosistemas forestales.
La gestión activa de los ecosistemas es esencial
En el estudio, los investigadores modelaron cómo es probable que las especies arbóreas se propaguen o desaparezcan bajo escenarios futuros. Los resultados indican claramente que las especies ya naturalizadas se volverán aún más dominantes en los próximos decenios.
Ante este panorama, es necesario limitar la expansión descontrolada de especies exóticas invasoras y, al mismo tiempo, proteger los árboles autóctonos de crecimiento lento y aquellos que se encuentran amenazados. “Además, es fundamental mantener la diversidad funcional entre las especies arbóreas para garantizar la resiliencia a largo plazo de nuestros ecosistemas y para preservar la biodiversidad en un mundo de cambio acelerado”, concluye Peñuelas.
Artículo de referencia: Guo, WY., Serra-Diaz, J.M., Guo, K. et al. Global functional shifts in trees driven by alien naturalization and native extinction. Nat. Plants (2026). https://doi.org/10.1038/s41477-025-02207-2