El fósforo, el nitrógeno y el potasio son los tres fertilizantes más comunes que utiliza el sector agrícola para que las plantas crezcan más y más rápido. Un estudio publicado en Nature Communications, ha analizado su uso durante las últimas seis décadas en los cuatro principales cultivos del mundo –soja, arroz, maíz y trigo- y constata que en muchos lugares se han empleado de manera ineficiente, es decir, una parte importante no la absorben los cultivos y pueden generar un impacto en el medioambiente, como la contaminación del agua y del suelo.
Los motivos detrás de este desperdicio dependen de la región, el tipo de cultivo o el clima. Por ejemplo, en el caso de las más ricas como Europa o Estados Unidos, desde hace unos años los fertilizantes se gestionan mejor gracias a una regulación ambiental más estricta, aunque los investigadores alertan que todavía se aplica en exceso. En cambio, en algunas regiones de Asia, el uso puede ser descontrolado y excesivo, con menor eficiencia debido al acceso limitado a avances tecnológicos y políticas ambientales menos restrictivas. El desafío en África es diferente: allí el problema principal no es el exceso sino la falta de acceso a fertilizantes fosfatados, más caros, lo que limita la productividad agrícola y la seguridad alimentaria.